prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
En esta tarde de noviembre
la humedad hace en mis pulmones un holograma de todo aquello que he amado:
aparecen los pájaros heridos por manzanas
cayendo hacia tus senos como crías hambrientas de las esferas
buscando la cuna del mármol.
Y es innecesario caminar, mejor quedarse quieto en la llovizna
y mirar la cromática del pasado, la seda del viento
todavía incolora y oliendo a crisálida
como la prolongación de un gesto unánime
con el que la bruma absorbe la escoria.
En esta tarde de noviembre
una vítrea incandescencia me vuelve transparente
y puedes leer
lo que escriben los ángeles en la arena de mis latidos,
que entre los huecos de mi sangre
hay una legión de esperas, la impotencia de algunas perlas obsesivas
que intentan ser la circunferencia de nieve en el cuello de tu olvido.
la humedad hace en mis pulmones un holograma de todo aquello que he amado:
aparecen los pájaros heridos por manzanas
cayendo hacia tus senos como crías hambrientas de las esferas
buscando la cuna del mármol.
Y es innecesario caminar, mejor quedarse quieto en la llovizna
y mirar la cromática del pasado, la seda del viento
todavía incolora y oliendo a crisálida
como la prolongación de un gesto unánime
con el que la bruma absorbe la escoria.
En esta tarde de noviembre
una vítrea incandescencia me vuelve transparente
y puedes leer
lo que escriben los ángeles en la arena de mis latidos,
que entre los huecos de mi sangre
hay una legión de esperas, la impotencia de algunas perlas obsesivas
que intentan ser la circunferencia de nieve en el cuello de tu olvido.
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