salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tanto lloré por ti que me he secado.
Se vaciaron mis ojos sin consuelo.
Se dispersó mi vida por el cielo,
al marcharse, aquel llanto, evaporado.
Sufrimiento caliente que no viste,
sufrimiento que el aire se bebía.
Hoy retorna a mi rostro, en agua fría,
cuando llora, por mí, la tarde triste.
Llora el arbol gimiendo sordamente
y, atacado de viento y desconsuelo,
va soltando sus lágrimas al suelo
derramadas en tragico torrente.
Y ese ojo de casa, temeroso
de romperse entre lágrimas prestadas,
ese hielo de arenas concentradas
es el cristal que llora silencioso.
Llora el mundo, la vida y el dolor.
Yo, cansado, sin vida, dolor, nada,
solo espero que alces tu mirada
y te mojen mis lágrimas, amor.
Manuel Sal Menéndez.
Se vaciaron mis ojos sin consuelo.
Se dispersó mi vida por el cielo,
al marcharse, aquel llanto, evaporado.
Sufrimiento caliente que no viste,
sufrimiento que el aire se bebía.
Hoy retorna a mi rostro, en agua fría,
cuando llora, por mí, la tarde triste.
Llora el arbol gimiendo sordamente
y, atacado de viento y desconsuelo,
va soltando sus lágrimas al suelo
derramadas en tragico torrente.
Y ese ojo de casa, temeroso
de romperse entre lágrimas prestadas,
ese hielo de arenas concentradas
es el cristal que llora silencioso.
Llora el mundo, la vida y el dolor.
Yo, cansado, sin vida, dolor, nada,
solo espero que alces tu mirada
y te mojen mis lágrimas, amor.
Manuel Sal Menéndez.
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