bluenote
Poeta que considera el portal su segunda casa
Acuden a mi memoria los recuerdos del ayer
la línea del horizonte era impasible testigo
que cedía ante el cerúleo del tranquilo atardecer
dando paso a las estrellas como se le da a un amigo.
Eran los tiempos aquellos que fresco se respiraba
el suave aroma de hierba inundando los ambientes
a la luz de los cocuyos que entre las palmas brillaba
con el croar de las ranas canto sutil, sugerente.
Nada irrumpía los vaivenes de la quietud de la noche
el aroma de café y murmullo de roedores
que pululaban ansiosos de vida haciendo derroche
dando ese mágico toque de sabores y colores.
Más abría mi alma al futuro y a una vida de aventura
deseaba comerme el mundo en gigantes bocanadas
como ansioso marinero vivir la intensa locura
de navegar por mil mares dejando atrás la morada
me fui sin mirar atrás de aquella bendita tierra
el sonido de los grillos y el aroma campirano
fue como algo natural cuando una puerta se cierra
para dar paso a lo nuevo dejando el azul aciano.
Hoy después de tanto tiempo, meditando quiero ver
enclavado en los vaivenes de la moderna ciudad
aquel delicioso sueño tierra que me vio nacer
con el canto de sus grillos, su magia y tranquilidad
que lejos quedó mi tierra, mi niñez, mi juventud
que distante el horizonte, los amigos y el ayer
como añoro aquellos tiempos de deliciosa quietud
los sonidos, los aromas y el cerúleo atardecer.
la línea del horizonte era impasible testigo
que cedía ante el cerúleo del tranquilo atardecer
dando paso a las estrellas como se le da a un amigo.
Eran los tiempos aquellos que fresco se respiraba
el suave aroma de hierba inundando los ambientes
a la luz de los cocuyos que entre las palmas brillaba
con el croar de las ranas canto sutil, sugerente.
Nada irrumpía los vaivenes de la quietud de la noche
el aroma de café y murmullo de roedores
que pululaban ansiosos de vida haciendo derroche
dando ese mágico toque de sabores y colores.
Más abría mi alma al futuro y a una vida de aventura
deseaba comerme el mundo en gigantes bocanadas
como ansioso marinero vivir la intensa locura
de navegar por mil mares dejando atrás la morada
me fui sin mirar atrás de aquella bendita tierra
el sonido de los grillos y el aroma campirano
fue como algo natural cuando una puerta se cierra
para dar paso a lo nuevo dejando el azul aciano.
Hoy después de tanto tiempo, meditando quiero ver
enclavado en los vaivenes de la moderna ciudad
aquel delicioso sueño tierra que me vio nacer
con el canto de sus grillos, su magia y tranquilidad
que lejos quedó mi tierra, mi niñez, mi juventud
que distante el horizonte, los amigos y el ayer
como añoro aquellos tiempos de deliciosa quietud
los sonidos, los aromas y el cerúleo atardecer.