La métrica es perfecta, las palabras consienten, el compás, la escuadra y la plomada no fallan...
...ni tantito.
El tema algo sombrío, algo que antes no he visto, un ovillejo que hiela el pellejo...
...y tirito
Me tomo un café mientras divago, y me echo en el sofá de vago...
...y medito
La búsqueda de la fecha final, se parece a la costumbre de leer primero la última página de la novela de suspenso.
Desde la remota historia nos llegan recuentos de personas que deseaban conocer su futuro, videntes, interpretadores de sueños, pitonisas, oráculos, parcas, adivinos y magos, y muchos más que por ahora dejo de lado.
Y la pregunta inquietante de fondo, la que todos anhelaban conocer, pero no se atrevían a realizar: ¿Cuando moriré?
Será acaso, para uno medir mejor los tiempos, y poder distribuirlos y compartir con los seres queridos, o tal vez para justificar los compromisos incumplidos.
Será para preparar el legado a dejar a los que quedan, o bien el desmandarse por completo tratando de disfrutar todo cuanto se ha negado antes.
O tal vez para buscar comprender al hermano humano que se halla en la piel de hermano animal o las ramas del hermano árbol.
O quizás... simplemente transcurrir por el camino, con la certeza de que habrá un destino final.
Personalmente prefiero esto último. Y prefiero no saber la fecha terminal.
Esto de prepararme para morir, no me deja vivir.
Contemple mi estimado Isidoro, como sus letras van desnudando a cada ser que las lee.
Es una obra maravillosa.
Un abrazo de amigo.
Dragon Ecu