Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
PASIONES
Descarga el día sus alforjas.
No hay estorbos en la luz sólo emisiones de larvas.
El desespero agudiza su condena
en la estrafalaria edad de los huesos,
pero nada queda de esa suerte,
de esa sonrisa escarlata que esconde
su dentadura póstuma de rabia,
de esa espina que ya no dora la vejez
y quebranta la brecha con que la carne es vieja.
Uno asoma su cara entre islas,
entre parvadas de papeles
por encima del hombro de la espera
pero nadie está ahí
apretujando el vértigo
hinchando con pleonasmos la cordura…
Bah, qué terquedad,
qué ínfulas para la memoria enferma;
se cansaron de esperar los colores.
Descarga el día sus alforjas.
No hay estorbos en la luz sólo emisiones de larvas.
El desespero agudiza su condena
en la estrafalaria edad de los huesos,
pero nada queda de esa suerte,
de esa sonrisa escarlata que esconde
su dentadura póstuma de rabia,
de esa espina que ya no dora la vejez
y quebranta la brecha con que la carne es vieja.
Uno asoma su cara entre islas,
entre parvadas de papeles
por encima del hombro de la espera
pero nadie está ahí
apretujando el vértigo
hinchando con pleonasmos la cordura…
Bah, qué terquedad,
qué ínfulas para la memoria enferma;
se cansaron de esperar los colores.
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