Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vi manos que luchaban por recordar lo que han tocado,
caminos que se preguntaban por los que ya no los han visitado.
Hizo que me diera cuenta de que un lienzo no es tan distinto de la memoria;
una vez que es tocado ya no recupera su forma.
Escuché la lluvia rebotando en los charcos,
las voces que esconden una despedida detrás de las palabras.
Me hizo recordar la forma de sus dedos
y la manera en que se doblaban para aferrarse al humo.
No es como nos dijeron, el destino no sabe del mar.
Que encontró su balance en la simetría de lo que toca.
Yo estuve ahí, cuando el aire negó al viento;
cuando nuestra voz ya no retornó en forma de eco.
Me trajo la imagen del espacio entre tus ojos
y la manera en que la luz ya no te podía tocar.
Descubrí que la fortuna viste de azul
y que gusta de ir de la mano de los ciegos.
Me hizo imitar a los que le rezan a la luna
pidiéndole que la mañana deje las cosas como estaban.
No es como nuestros padres nos enseñaron.
A veces la paciencia solo mira al tiempo mientras este se pierde.
Observé al cazador llorando al lado de su presa,
a hombres desesperados por encontrar su reflejo.
Me hizo meditar sobre el miedo universal,
esperar por quien ya no llegará.
Me pregunté cómo es que el miedo y la duda viajan de la mano,
por la manera en que el futuro se nubla en cuanto más se acerca.
Me hizo pensar en el día que dijiste que las nubes ya no nos seguían
y que nuestros pies obedecían la voluntad del agua.
No es como nos dijeron,
merecer no siempre significa obtener.
No es como nos enseñaron;
la distancia sólo existe si hay un deseo de regresar.
No es como decían los libros;
la valentía se mide por lo que estás dispuesto a perder.
No es como nos hicieron creer.
Los hijos despiertan en los sueños de sus padres.
caminos que se preguntaban por los que ya no los han visitado.
Hizo que me diera cuenta de que un lienzo no es tan distinto de la memoria;
una vez que es tocado ya no recupera su forma.
Escuché la lluvia rebotando en los charcos,
las voces que esconden una despedida detrás de las palabras.
Me hizo recordar la forma de sus dedos
y la manera en que se doblaban para aferrarse al humo.
No es como nos dijeron, el destino no sabe del mar.
Que encontró su balance en la simetría de lo que toca.
Yo estuve ahí, cuando el aire negó al viento;
cuando nuestra voz ya no retornó en forma de eco.
Me trajo la imagen del espacio entre tus ojos
y la manera en que la luz ya no te podía tocar.
Descubrí que la fortuna viste de azul
y que gusta de ir de la mano de los ciegos.
Me hizo imitar a los que le rezan a la luna
pidiéndole que la mañana deje las cosas como estaban.
No es como nuestros padres nos enseñaron.
A veces la paciencia solo mira al tiempo mientras este se pierde.
Observé al cazador llorando al lado de su presa,
a hombres desesperados por encontrar su reflejo.
Me hizo meditar sobre el miedo universal,
esperar por quien ya no llegará.
Me pregunté cómo es que el miedo y la duda viajan de la mano,
por la manera en que el futuro se nubla en cuanto más se acerca.
Me hizo pensar en el día que dijiste que las nubes ya no nos seguían
y que nuestros pies obedecían la voluntad del agua.
No es como nos dijeron,
merecer no siempre significa obtener.
No es como nos enseñaron;
la distancia sólo existe si hay un deseo de regresar.
No es como decían los libros;
la valentía se mide por lo que estás dispuesto a perder.
No es como nos hicieron creer.
Los hijos despiertan en los sueños de sus padres.
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