Hola, buenas soy nuevo por estos lares... Aparecí aquí tras haber vagado por algunos sitios, me decidí por este. Iré publicando algunos poemas, aunque la constancia no es mi fuerte. ::
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Quería publicar en algún sitio para poder saber opiniones de gente que también amase la poesía, así que por favor, no os cortéis. Se aceptan críticas sinceras. Es más, se exigen. La poesía fluye y mejora cada día.
::Quería publicar en algún sitio para poder saber opiniones de gente que también amase la poesía, así que por favor, no os cortéis. Se aceptan críticas sinceras. Es más, se exigen. La poesía fluye y mejora cada día.
Hierven mis manos al escribir esto,
porque hoy he visto a gente.
Gente de verdad, gente que no se dejaba llevar,
gente que sin más, te hacían olvidar.
Vivían sin pensar,
y muy a mi pesar,
eso se tiende a olvidar.
Pero no puedes hacer nada por ellos, Ciudad sin salvación...
¿Por qué nos cortaste las alas
a quienes queríamos volar océanos,
aspirar polvo de estrellas?
Heavies, punkies y anarcas
allí se juntaban. Imagen
mental sin duda olvidada.
Y ahí estaba yo, enfundado en Bob Dylan,
buscando una psicóloga, buscando su diván.
Queriendo gritarle: ¡Eh, aquí están!
¡Son los aspirantes a la felicidad!
Mi mayor sorpresa, comprobar
que miraban a los ojos a los demás
y quizás buscando aceptación
y encontrando algún rincón
donde sorberse las heridas.
Miradas intensas con una chica pequeñita.
¡Oh, Mexicana Beatrice!
Varios chupitos después,
mil promesas empaquetadas.
Ahora ya no me ves,
tus palabras desenfrenadas...
Quizá nos veamos.
porque hoy he visto a gente.
Gente de verdad, gente que no se dejaba llevar,
gente que sin más, te hacían olvidar.
Vivían sin pensar,
y muy a mi pesar,
eso se tiende a olvidar.
Pero no puedes hacer nada por ellos, Ciudad sin salvación...
¿Por qué nos cortaste las alas
a quienes queríamos volar océanos,
aspirar polvo de estrellas?
Heavies, punkies y anarcas
allí se juntaban. Imagen
mental sin duda olvidada.
Y ahí estaba yo, enfundado en Bob Dylan,
buscando una psicóloga, buscando su diván.
Queriendo gritarle: ¡Eh, aquí están!
¡Son los aspirantes a la felicidad!
Mi mayor sorpresa, comprobar
que miraban a los ojos a los demás
y quizás buscando aceptación
y encontrando algún rincón
donde sorberse las heridas.
Miradas intensas con una chica pequeñita.
¡Oh, Mexicana Beatrice!
Varios chupitos después,
mil promesas empaquetadas.
Ahora ya no me ves,
tus palabras desenfrenadas...
Quizá nos veamos.