danie
solo un pensamiento...
El amor de un terco
I
He preguntado a los dioses paganos,
mudas figuras de fango con greda:
¿dónde reside tu cutis de seda?,
¿cómo encontrar los confines arcanos
(íntimos tules de sueños lejanos)?,
¿dónde buscar a la efigie de Teda?
¡Nunca nombraron al cáliz que hospeda,
sol que ilumina los suelos profanos,
luz de los ojos del cielo, alborada
diurna con nimbos colmados de fruta
dúctil y miel de colmena almendrada!
¡Nunca indicaron que el goce y su ruta
pasan de frente en mi ciega mirada!
¡Yo no veía tu flor impoluta!
II
Yo no creía en la flor del capullo,
canto de Venus, poesía famosa;
siempre codicio beber su pomposa
pócima, néctar de un mar con marullo.
Pero un palurdo sentir y su orgullo
asgo el polvillo feraz de la rosa,
ciego me hizo al creer en la fosa
negra y vacía de dioses sin grullo.
Muchos caminos surqué derrumbado,
triste marché por el limbo sin verte,
yo pretendía tu cuerpo soñado;
ella danzaba en la lágrima inerte,
muerta en el alba de un Sol alabado.
¡Fui un grosero por no comprenderte!
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