ojicafes
Poeta que considera el portal su segunda casa
Babel
Sonríes y entre tus manos, hojas de un libro de diez hojas, no es un libro de cuentos contados por muchos, es por mucho, el amor de uno.
Amanecí pensando en ella desde la madrugada, presagio el día con su frescor matinal. A esta hora el fuego hierve el agua, burbujeante espuma, danzantes figuras estilizadas emergen.
Pendiente, colgado, inerte yace, vive y muere cuando su dueño quiere. Él sabe qué sucede si se le encomienda guardar el secreto. Fotografía del instante, película de la vida. En la cópula hembra y macho sienten la conexión, se reaniman para contarse todo lo vivido. El presente no está escrito, permanecen juntos para escribir otro capítulo más o repasar lo vivido. Compenetrados, vivaces, titilantes destilan savia a la velocidad de la luz, protones y electrones cambian de dirección constantemente, el mensaje cifrado, solo ellos se entienden, polarizados, bipolares, no con esto sujetos a la locura ni la paranoia que produce la multitud.
Con tiempo de espera en la estación, todos juntos dispuestos en fila en el vagón esperando su turno, vaciar su valiosa carga y ocuparse de nuevo a otra encomienda
El tiempo incesante no se detiene parece tener el aire a su favor y pasa más rápido.
Los zapatos negros de andar descalzos, el asfalto rechinan su pedrería en cánticos chillantes. Sujetos en las ranuras, apretados por la fuerza, no manifiestan el deseo de salir de pie, despacio o con la rapidez de una sacudida, de un golpe seco, contundente, que retumbe en sus cuerpos de arcillas.
¿Quieres hacerme hacer de mí lo que tengas flameando en tu mente? Prefieres hacerlo de día o prefieres la noche.
Artesana de manos ágiles, de mente… De cuerpo ágil. Te ciñe un suspiro ondeando en tu cuello, acompasado el aire se agita.
¿Quieres darme en la sien que aturda mi rostro perdido? Penetrar en la oscura vanidad de mis sueños.
Emerge de tu boca impaciente sonrisa, tiene ella el poder, la fuerza dulcificante, convincente, la expresión efímera, solo un poco ti, es tan poco para vivir por siempre, lo eterno de ti se queda conmigo.
hoy repasaba imágenes conocidas, la manivela del molino extraía polvo marrón, cuerpo al agua, el mejor sabor amargo, tu eres la luz yo soy el cabo prendido, el hilo que arde, los dientes del aire tocando tu vientre.
La lengua de cera resbalándose entre las sombras proyectadas por tu cuerpo, contraste de la noche y día
de blanca espuma y agua marina.
¿Es el alboroto producto de una lid?, o es simplemente la consecuencia de un mal dormir.
¿Quién es el enemigo a la hora de dormir?, ¿es la almohada? O este pedazo de tela sobre la cama.
Despierto, el espejo no miente y da cuenta del resultado. Me pregunto si soy el del reflejo, o soy el espejo de lo macabro que aún desconozco si lo tengo. Al tiempo de dormir soy uno, y al amanecer soy otro.
Peor o mejor, no lo sé. La oscuridad desaparece, pero: ¿Las ojeras son todo lo oscuro que hay en mí?
Será el recordatorio de que no todo es como parece y hay días oscuros.
Un grito a lo lejos me recuerda que hoy es hoy, lo que no sé es si es un grito o es un canto, o canta para no llorar, o grita para saber que está. Es el llamado del poder, o solo un grito desesperado. Es una interrogante que solo puedo suponer. Voy a ponerme a cantar gritando para saber lo que se siente.
Debo, sin embargo teñir la hoja de letras y acabar con ella. Lleva en su conciencia la vida dada por el árbol que dio su vida por ella. Yo en cada trazo, firme o suave la consumo, cada vez se va quedando sin espacio. Puedo considerar el tiempo entre letra y letra, palabra por palabra, frase por frase para acrecentar su agonía. Puedo sentir satisfacción por ella, pero me cansa o me duele. Una pincelada se podría interpretar como una puñalada en su pecho, en su vientre, su suerte estaba echada desde el vacío, ese desierto esperando ser henchido, en esa agonía estará en peligro de muerte. Es de esa actitud de entrega como el gusano en el pico de la hembra (o el macho) del pájaro a su crío.
Una punzada es un punto y aparte. La pena es ésta rasgadura en todo su blandiente cuerpo.
Ya no siente, y por más que lo intente, no lograré un lamento, ni una lágrima, ni una gota de sal derramada, ni un suspiro en su último aliento. Ya no debo seguir…lo siento, entrecortadas las palabras, balbuceo incomprensible , muere, muere…muere.
Sin formular pregunta espero una respuesta, esa que inspire confianza, ¿dónde empieza y hasta donde termina la desconfianza? Es cierto que la sonrisa es sinónimo de alegría, pero el misterio está en la mirada, en el portador de esa mirada, en los ojos clavados, ellos no mienten. Un escape fácil es salirse por la tangente aunque esto implique mantener oprimido el dolor. ¿Qué encierran o qué hay detrás de ellos? , no lo sé.
Las aspas del abanico no son las manecillas del reloj, pasa el tiempo, uno es mucho más ligero que el otro, uno lento y el otro explosivo, ágil y lento, sobre su propio eje.
Es la fuerza del río quien arrasa todo a su paso, no viene descalzo, a su paso recuerda todo, su memoria es vasta. Desde lejos hasta aquí y más allá tercamente viene dulce y buscando la sal, ¿tanta dulzura necesita el mar? Padecería de vidrio sin hacer mella en su boca.
La necesidad no espera y temprano se manifiesta, no debería estar acompañando de la pereza y el olvido. Se puede olvidar, pero el eco del gruñido me recuerda satisfacer el deseo. Los días de bonanza llegan o se alejan de repente sin que nadie los llame.
Se embellece el exterior, el cuerpo a la vista, el interior cada uno lo sabe, puede ser más negro que la boca de un cenote.
El sorbo a chasquido, sabe más dulce, más claro y más frío, la mente se abre con una taza, no en la cabeza, si en la mente, ¡despierta!
El mural del techo es eterno, y lo eterno es aburrido, siempre lo mismo, hay que cambiar el color.
La jaula es un encierro o un mundo aparte. El sol es opaco, la luna antes que él. La fuente sin agua bebe del aire que respira si puede hacerlo.
La mujer con el torso desnudo lleva a cuestas las manzanas. El canasto me dice que tanto lleva, hoy parece estar de suerte, nada lleva. Nada es un decir, ella lo tiene todo. Al aire, sus pechos son vida. Se miran con otros ojos las mujeres con el cabellos largo, del cielo a sus pies se ven mejor, no se necesitan mas atributos, solo dejarlos caer.
El cultivo esta lleno de esperanzas, se advierte el retoño, el verde es su color y su bandera, la altura prominente las espera. Los reptiles inoportunos se llevan su parte, algo se debe de cosechar, en alguna meza estarán ocupando un lugar.
Las arrieras andan de arriba abajo, parecer que no buscan nada, su cosecha es en estado de descomposición, van y viene sin rumbo fijo hasta encontrar su objetivo. La brecha de hoy tiene diferente camino.
Condenado a vivir por siempre quien deja huella. El brillo y su intensidad depende de quien los mira, quien quiere ver algo en ellos, se ve lo que otros no ven. El tiempo no borrará la esencia de las cosas. El espíritu no trasciende sino es de raíz. El color del chicle no importa, es el tamaño de la bomba a la que hay que tomar en cuenta. El juego es estar dentro del juego, ¿de qué me perdí perdiendo el tiempo? La cloaca hay que destaparla a tiempo.
La timidez y el silencio dejaron pasar lo mejor de ayer. La roca no tiene vida y se perpetúa, quiero perpetuarte en ella, dibujarte o hacer una escultura, un altar con tu nombre.
Creer sin ver es testimonio de este padecer. El calabozo es un convento, los de adentro lo saben.
El trópico, humedales se manifiestan en el estornudo, el efluvio no solo emana de los manantiales.
Los ojales se dimensionan por el tamaño del capullo, una sajadura no sostiene la embestidura, es noviembre, las novenas a la orden del día y el tamal es de maza colada. La hoja de toh tiene el tallo delgado, por su esbeltez es la envidia del plátano.
Quiero enredarme contigo como las madreselvas. Ahora entiendo porque el gato se quedó sin botas.
Verde esmeralda es el color del iris, el arrecife es de coral ceñido de mar. A tus islas incursiono como pirata, naufragar en ellas puede ser una obsesión. ¿De qué madera será la cuña que apriete tu pecho sobre el mío?
Muérdeme con tu vientre, engárzame como lo hace el pescador en épocas de abundancias. Los peces ríen, pero el costal está lleno, me alegro.
Geber Humberto Pérez Ulín.
Sonríes y entre tus manos, hojas de un libro de diez hojas, no es un libro de cuentos contados por muchos, es por mucho, el amor de uno.
Amanecí pensando en ella desde la madrugada, presagio el día con su frescor matinal. A esta hora el fuego hierve el agua, burbujeante espuma, danzantes figuras estilizadas emergen.
Pendiente, colgado, inerte yace, vive y muere cuando su dueño quiere. Él sabe qué sucede si se le encomienda guardar el secreto. Fotografía del instante, película de la vida. En la cópula hembra y macho sienten la conexión, se reaniman para contarse todo lo vivido. El presente no está escrito, permanecen juntos para escribir otro capítulo más o repasar lo vivido. Compenetrados, vivaces, titilantes destilan savia a la velocidad de la luz, protones y electrones cambian de dirección constantemente, el mensaje cifrado, solo ellos se entienden, polarizados, bipolares, no con esto sujetos a la locura ni la paranoia que produce la multitud.
Con tiempo de espera en la estación, todos juntos dispuestos en fila en el vagón esperando su turno, vaciar su valiosa carga y ocuparse de nuevo a otra encomienda
El tiempo incesante no se detiene parece tener el aire a su favor y pasa más rápido.
Los zapatos negros de andar descalzos, el asfalto rechinan su pedrería en cánticos chillantes. Sujetos en las ranuras, apretados por la fuerza, no manifiestan el deseo de salir de pie, despacio o con la rapidez de una sacudida, de un golpe seco, contundente, que retumbe en sus cuerpos de arcillas.
¿Quieres hacerme hacer de mí lo que tengas flameando en tu mente? Prefieres hacerlo de día o prefieres la noche.
Artesana de manos ágiles, de mente… De cuerpo ágil. Te ciñe un suspiro ondeando en tu cuello, acompasado el aire se agita.
¿Quieres darme en la sien que aturda mi rostro perdido? Penetrar en la oscura vanidad de mis sueños.
Emerge de tu boca impaciente sonrisa, tiene ella el poder, la fuerza dulcificante, convincente, la expresión efímera, solo un poco ti, es tan poco para vivir por siempre, lo eterno de ti se queda conmigo.
hoy repasaba imágenes conocidas, la manivela del molino extraía polvo marrón, cuerpo al agua, el mejor sabor amargo, tu eres la luz yo soy el cabo prendido, el hilo que arde, los dientes del aire tocando tu vientre.
La lengua de cera resbalándose entre las sombras proyectadas por tu cuerpo, contraste de la noche y día
de blanca espuma y agua marina.
¿Es el alboroto producto de una lid?, o es simplemente la consecuencia de un mal dormir.
¿Quién es el enemigo a la hora de dormir?, ¿es la almohada? O este pedazo de tela sobre la cama.
Despierto, el espejo no miente y da cuenta del resultado. Me pregunto si soy el del reflejo, o soy el espejo de lo macabro que aún desconozco si lo tengo. Al tiempo de dormir soy uno, y al amanecer soy otro.
Peor o mejor, no lo sé. La oscuridad desaparece, pero: ¿Las ojeras son todo lo oscuro que hay en mí?
Será el recordatorio de que no todo es como parece y hay días oscuros.
Un grito a lo lejos me recuerda que hoy es hoy, lo que no sé es si es un grito o es un canto, o canta para no llorar, o grita para saber que está. Es el llamado del poder, o solo un grito desesperado. Es una interrogante que solo puedo suponer. Voy a ponerme a cantar gritando para saber lo que se siente.
Debo, sin embargo teñir la hoja de letras y acabar con ella. Lleva en su conciencia la vida dada por el árbol que dio su vida por ella. Yo en cada trazo, firme o suave la consumo, cada vez se va quedando sin espacio. Puedo considerar el tiempo entre letra y letra, palabra por palabra, frase por frase para acrecentar su agonía. Puedo sentir satisfacción por ella, pero me cansa o me duele. Una pincelada se podría interpretar como una puñalada en su pecho, en su vientre, su suerte estaba echada desde el vacío, ese desierto esperando ser henchido, en esa agonía estará en peligro de muerte. Es de esa actitud de entrega como el gusano en el pico de la hembra (o el macho) del pájaro a su crío.
Una punzada es un punto y aparte. La pena es ésta rasgadura en todo su blandiente cuerpo.
Ya no siente, y por más que lo intente, no lograré un lamento, ni una lágrima, ni una gota de sal derramada, ni un suspiro en su último aliento. Ya no debo seguir…lo siento, entrecortadas las palabras, balbuceo incomprensible , muere, muere…muere.
Sin formular pregunta espero una respuesta, esa que inspire confianza, ¿dónde empieza y hasta donde termina la desconfianza? Es cierto que la sonrisa es sinónimo de alegría, pero el misterio está en la mirada, en el portador de esa mirada, en los ojos clavados, ellos no mienten. Un escape fácil es salirse por la tangente aunque esto implique mantener oprimido el dolor. ¿Qué encierran o qué hay detrás de ellos? , no lo sé.
Las aspas del abanico no son las manecillas del reloj, pasa el tiempo, uno es mucho más ligero que el otro, uno lento y el otro explosivo, ágil y lento, sobre su propio eje.
Es la fuerza del río quien arrasa todo a su paso, no viene descalzo, a su paso recuerda todo, su memoria es vasta. Desde lejos hasta aquí y más allá tercamente viene dulce y buscando la sal, ¿tanta dulzura necesita el mar? Padecería de vidrio sin hacer mella en su boca.
La necesidad no espera y temprano se manifiesta, no debería estar acompañando de la pereza y el olvido. Se puede olvidar, pero el eco del gruñido me recuerda satisfacer el deseo. Los días de bonanza llegan o se alejan de repente sin que nadie los llame.
Se embellece el exterior, el cuerpo a la vista, el interior cada uno lo sabe, puede ser más negro que la boca de un cenote.
El sorbo a chasquido, sabe más dulce, más claro y más frío, la mente se abre con una taza, no en la cabeza, si en la mente, ¡despierta!
El mural del techo es eterno, y lo eterno es aburrido, siempre lo mismo, hay que cambiar el color.
La jaula es un encierro o un mundo aparte. El sol es opaco, la luna antes que él. La fuente sin agua bebe del aire que respira si puede hacerlo.
La mujer con el torso desnudo lleva a cuestas las manzanas. El canasto me dice que tanto lleva, hoy parece estar de suerte, nada lleva. Nada es un decir, ella lo tiene todo. Al aire, sus pechos son vida. Se miran con otros ojos las mujeres con el cabellos largo, del cielo a sus pies se ven mejor, no se necesitan mas atributos, solo dejarlos caer.
El cultivo esta lleno de esperanzas, se advierte el retoño, el verde es su color y su bandera, la altura prominente las espera. Los reptiles inoportunos se llevan su parte, algo se debe de cosechar, en alguna meza estarán ocupando un lugar.
Las arrieras andan de arriba abajo, parecer que no buscan nada, su cosecha es en estado de descomposición, van y viene sin rumbo fijo hasta encontrar su objetivo. La brecha de hoy tiene diferente camino.
Condenado a vivir por siempre quien deja huella. El brillo y su intensidad depende de quien los mira, quien quiere ver algo en ellos, se ve lo que otros no ven. El tiempo no borrará la esencia de las cosas. El espíritu no trasciende sino es de raíz. El color del chicle no importa, es el tamaño de la bomba a la que hay que tomar en cuenta. El juego es estar dentro del juego, ¿de qué me perdí perdiendo el tiempo? La cloaca hay que destaparla a tiempo.
La timidez y el silencio dejaron pasar lo mejor de ayer. La roca no tiene vida y se perpetúa, quiero perpetuarte en ella, dibujarte o hacer una escultura, un altar con tu nombre.
Creer sin ver es testimonio de este padecer. El calabozo es un convento, los de adentro lo saben.
El trópico, humedales se manifiestan en el estornudo, el efluvio no solo emana de los manantiales.
Los ojales se dimensionan por el tamaño del capullo, una sajadura no sostiene la embestidura, es noviembre, las novenas a la orden del día y el tamal es de maza colada. La hoja de toh tiene el tallo delgado, por su esbeltez es la envidia del plátano.
Quiero enredarme contigo como las madreselvas. Ahora entiendo porque el gato se quedó sin botas.
Verde esmeralda es el color del iris, el arrecife es de coral ceñido de mar. A tus islas incursiono como pirata, naufragar en ellas puede ser una obsesión. ¿De qué madera será la cuña que apriete tu pecho sobre el mío?
Muérdeme con tu vientre, engárzame como lo hace el pescador en épocas de abundancias. Los peces ríen, pero el costal está lleno, me alegro.
Geber Humberto Pérez Ulín.
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