tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una ilicitud repentina lo tomó por sorpresa, temió por su fe y administró un poco de antigua lectura a su flojera mística.
En unos cuantos segundos tildó de supercherías a las palabras de su consejero espiritual, quien lo había guiado hasta allí.
Sin reparos ni desatinos, solo perdió la sensibilidad que se le pedía por ser un hombre de dios.
Su inalienable cripticismo estaba delimitado, buscaba respuestas.
Que lo había obligado a secularizar.
Que modificó su fe, su carne enmudeció el abismo que tenue circulaba por su río interno.
Predicas iluministas, encomendaron su buena voluntad a disociarse del camino de esperanza que él mismo predicaba.
Teorizaba sobre su finitud y eternitud a la hora de una autodefinición con supremacía.
Decadencialismo dijo.
Admitió no saber sobre sus cuánticas vacilaciones o sus dudas enérgicas, como le gustaba llamarlas.
Señaló que un día no muy lejano a estos, viose reflejado frente a un espejo de su casa y fue cuando observó, la cavidad interna de su boca y dijo, por que promulgo sobre mi blanca espiritualidad y en la puerta de mi interior, mis adentros son oscuros.
Marcó haber encontrado en esa imagen de sí, las dudas de la humanidad sobre dios y como iban a ser los humanos dignos de dios, si por dentro eran tan oscuros.
Y sugirió que la cara oscura de nuestro cuerpo, y por lo tanto se explayó, sobre la parte lúgubre de nuestros hogares, agregando que si no tuviéramos luz artificial o ventanas de día, una oscura recepción albergaría en nuestros hogares, aludiendo.
Estamos rodeados de oscuridad, la porción que no podemos ver, será siempre oscura, nuestra mitad oculta es oscura, nuestra sombra es oscura. Y enfundó allí sus criticas mas despiadadas hacia si mismo.
Insinuó que la internosidad depende y por ende radica, en la mutabilidad y posterior velocidad de conexión hacia y con dirección a nosotros mismos
En unos cuantos segundos tildó de supercherías a las palabras de su consejero espiritual, quien lo había guiado hasta allí.
Sin reparos ni desatinos, solo perdió la sensibilidad que se le pedía por ser un hombre de dios.
Su inalienable cripticismo estaba delimitado, buscaba respuestas.
Que lo había obligado a secularizar.
Que modificó su fe, su carne enmudeció el abismo que tenue circulaba por su río interno.
Predicas iluministas, encomendaron su buena voluntad a disociarse del camino de esperanza que él mismo predicaba.
Teorizaba sobre su finitud y eternitud a la hora de una autodefinición con supremacía.
Decadencialismo dijo.
Admitió no saber sobre sus cuánticas vacilaciones o sus dudas enérgicas, como le gustaba llamarlas.
Señaló que un día no muy lejano a estos, viose reflejado frente a un espejo de su casa y fue cuando observó, la cavidad interna de su boca y dijo, por que promulgo sobre mi blanca espiritualidad y en la puerta de mi interior, mis adentros son oscuros.
Marcó haber encontrado en esa imagen de sí, las dudas de la humanidad sobre dios y como iban a ser los humanos dignos de dios, si por dentro eran tan oscuros.
Y sugirió que la cara oscura de nuestro cuerpo, y por lo tanto se explayó, sobre la parte lúgubre de nuestros hogares, agregando que si no tuviéramos luz artificial o ventanas de día, una oscura recepción albergaría en nuestros hogares, aludiendo.
Estamos rodeados de oscuridad, la porción que no podemos ver, será siempre oscura, nuestra mitad oculta es oscura, nuestra sombra es oscura. Y enfundó allí sus criticas mas despiadadas hacia si mismo.
Insinuó que la internosidad depende y por ende radica, en la mutabilidad y posterior velocidad de conexión hacia y con dirección a nosotros mismos