Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
La tarde de lluvia lenta y prolongada torna más viva mi saudade y más llenos de tu piel los poemas que te escribo. Alimentados por la humedad de la nostalgia sueños audaces medran sobre las huellas de cálidas vivencias. El momento se conjura para añorarte. Hoy he guardado tus fotografías; por ignota razón, en este ocaso, tengo más claridad de ti en el pozo de mi alma. Cual rosario de traslúcidos abalorios la constelación de tus imágenes siento deslizarse, con tibieza de caricia, entre los dedos del pensamiento. Atardecer y nubes desbaratándose conjugan ternura y sensualidad alrededor de tu recuerdo. Siempre me eres muy necesaria, mas el llanto del cielo en el crepúsculo, aun lo poco de mí
que aún no es tuyo, lo vierte en tu memoria en forma de anhelo y melancolía. Como si deseara asomarse para contemplar la taciturna expresión de mi rostro al evocarte, tras la cortina, la lluvia, obstinada, golpea el empañado cristal. En mi atmósfera hay sed del calor de tu aliento de mujer. A fuerza de pensarte intento ser eco de la voz de tu corazón. Entre tus oasis y mis ojos hay siempre quietud y lejanía de atardecer. ¡Con que facilidad suelo diluirme en tan sólo una gota de tu remembranza cuando te pienso, escuchando la lluvia, entre la tarde y la noche!. Siempre corrijo sueños bajo la intensidad del deseo con que te abrazo en mi mente; ahora, la gris silueta de la calle se marchita atrapada por húmidas penumbras invernales, mientras, en mí, ambos sentidos de mis interiores anhelos conducen, indistintamente, a un solo destino
...tú.
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