jmacgar
Poeta veterano en el portal
Preámbulo recordando "2.001, una odisea del espacio"
Yo oí el Danubio Azul
sonando en los espacios siderales
y vi planetas
danzando a su compás
mientras el hombre arriba contemplaba,
lleno de asombro,
que aquel planeta azul, Tierra de origen,
danzando estaba
también con ese Vals.
sonando en los espacios siderales
y vi planetas
danzando a su compás
mientras el hombre arriba contemplaba,
lleno de asombro,
que aquel planeta azul, Tierra de origen,
danzando estaba
también con ese Vals.
La música
La música es el ritmo
con que los ángeles del cielo eterno
mueven sus alas;
la música es compás
que mueve a las estrellas y planetas
del universo;
la música es sonido
que amansa lo más fiero de nosotros
dándonos paz,
mas también es extracto
de excitante elixir propio de dioses
que entra en el alma
y hace mover los pies
del que escucha con ánimo festivo
y bailará, quizás muy suavemente,
o acaso en forma loca cual poseso,
transfigurado;
la música es poema
que se mete en las venas como droga,
como un veneno
que lleva al paraíso
donde el alma de todo se exonera
volando libre.
La música hace al hombre
un ser más exquisito, más sensible,
pero también
lo retorna al comienzo,
cuando el ritmo empezó con un tam-tam,
de incesantes sonidos de tambores,
alrededor de hogueras en las noches
de los ancestros
que nos dieron origen:
en las oscuras cuevas,
hace milenios,
acaso hubo un homínido,
allá en tiempos remotos, al principio,
que osó mandar, quizás con luna llena,
un mensaje en tam-tam al Universo
y así empezó la música a sonar
cruzando ríos, mares y montañas
en sus más altas cumbres,
e incluso más allá;
hasta el profundo espacio sideral
llegó su ritmo
mezclándose a los ondas del big-bang.
La música es el ritmo
con que los ángeles del cielo eterno
mueven sus alas;
la música es compás
que mueve a las estrellas y planetas
del universo;
la música es sonido
que amansa lo más fiero de nosotros
dándonos paz,
mas también es extracto
de excitante elixir propio de dioses
que entra en el alma
y hace mover los pies
del que escucha con ánimo festivo
y bailará, quizás muy suavemente,
o acaso en forma loca cual poseso,
transfigurado;
la música es poema
que se mete en las venas como droga,
como un veneno
que lleva al paraíso
donde el alma de todo se exonera
volando libre.
La música hace al hombre
un ser más exquisito, más sensible,
pero también
lo retorna al comienzo,
cuando el ritmo empezó con un tam-tam,
de incesantes sonidos de tambores,
alrededor de hogueras en las noches
de los ancestros
que nos dieron origen:
en las oscuras cuevas,
hace milenios,
acaso hubo un homínido,
allá en tiempos remotos, al principio,
que osó mandar, quizás con luna llena,
un mensaje en tam-tam al Universo
y así empezó la música a sonar
cruzando ríos, mares y montañas
en sus más altas cumbres,
e incluso más allá;
hasta el profundo espacio sideral
llegó su ritmo
mezclándose a los ondas del big-bang.
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