hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
El anciano y el niño caminaban lentamente por la orilla del río.El pequeño hacía montones de preguntas que su abuelo se encargaba pacientemente de responder una a una.
El hombre recordaba muy pocos momentos en su extensa vida que le hubiesen resultado tan gratos como el actual. Lástima, pensó que su médico y amigo le había confirmado esa mañana que no le restaba mucho tiempo de vida.
Caminaron un momento más, hasta que se detuvieron en un embarcadero a contemplar como el Sol se iba ocultando detrás de una lejana isla. Era un espectáculo tan maravilloso y colorido que hasta el niño se había callado.
El abuelo miró su reloj, luego al horizonte, a su nieto y nuevamente a su reloj. El niño había notado eso y preguntó:
_ Abuelo, ¿porqué miras tantas veces al reloj?
El anciano demoró su respuesta, el nudo en su garganta le impedía hablar. Hasta que al fin lo hizo:
_No pasa nada, mïjo, es solo que parece que, últimamente, las horas duran cada vez menos.
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