LA NINFA
En el alma de una fuente se bañaba
con su cuerpo delirante de olivino.
Es la Ninfa singular de lo divino,
que mi rostro con su fuego iluminaba.
Su belleza el corazón me traspasaba
como daga de esmeralda y de platino,
y el torrente de un amor que es torbellino
la razón con su hermosura me cegaba.
Y peinaba sus cabellos de oro puro
con los pétalos de rosa evanescente
al amparo de un sublime claroscuro.
De sus labios se escapaba indiferente
el aroma sosegado de un conjuro
disfrazado de manzana y de serpiente.
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