danie
solo un pensamiento...
Versos expuestos por una pluma analfabeta en cuestiones de sentimientos, creando un poema huérfano. Estrofas que vuelan por los aromas de la mente sin poder esculpir al corazón. No es culpa de los versos sino del alma de piedra de un poeta, un soñador de las primaveras nevadas y los zorzales sin canto.
¿Es fácil escribirle al amor?, siempre y cuando la esperanza, la luz de un alba, no se pierda en una sábana y las mantas de una cama desolada, un catre marchito y frío en donde el único brillo es el de la penumbra de la oscuridad.
Jugar a ser poeta no es fácil, en la tierra de hadas muertas y sueños astillados por el reflejo del espejo de un pasado y sus ruinas. Una tierra de luz negra, un hoyo ciego pintando el cielo, un agujero que arrastra toda la vida, la memoria y solo le deja el olvido.
Así, jugar a ser poeta con los mortuorios roces de los detenidos deseos se torna una constante en el mausoleo del cuerpo, siempre con el rastro del olvido dejando su mácula en la sangre del soñador.
Un poeta puede jugar a serlo siempre y cuando se guarde en el recuerdo, cuando no conozca el olvido y su manto de indiferencia por los ojos de su enajenable musa, siempre y cuando no conozca la tierra del despecho y su inspiración no lo traicione con su puñal clavado en el pecho.
¿Es fácil escribirle al amor?, siempre y cuando la esperanza, la luz de un alba, no se pierda en una sábana y las mantas de una cama desolada, un catre marchito y frío en donde el único brillo es el de la penumbra de la oscuridad.
Jugar a ser poeta no es fácil, en la tierra de hadas muertas y sueños astillados por el reflejo del espejo de un pasado y sus ruinas. Una tierra de luz negra, un hoyo ciego pintando el cielo, un agujero que arrastra toda la vida, la memoria y solo le deja el olvido.
Así, jugar a ser poeta con los mortuorios roces de los detenidos deseos se torna una constante en el mausoleo del cuerpo, siempre con el rastro del olvido dejando su mácula en la sangre del soñador.
Un poeta puede jugar a serlo siempre y cuando se guarde en el recuerdo, cuando no conozca el olvido y su manto de indiferencia por los ojos de su enajenable musa, siempre y cuando no conozca la tierra del despecho y su inspiración no lo traicione con su puñal clavado en el pecho.