Évano
Libre, sin dioses.
 
 
Me desprendo para siempre
de los putos políticos del mundo,
de la avaricia de los bastardos,
del cuello girado del trabajador de mierda;
y me adhiero a la sangre que emana
de las manos cortadas del que busca cobijo y pan;
rajadas por las vallas del egoísmo,
esas cuchillas que nos encierran y encarcelan
como demonios que somos;
¿Cuántos ahogados para abrir los ojos?
¿Cuántas violadas en los desiertos?
¿Cuánta sangre cabe en nuestras almas?
Si digo que ya son millones los muertos
en su agonía del viajar hacia la vida,
¿quizás alguno se asombre?
Deseo y rezo por la piel pobre, que cante y lidere
la libertad de una Tierra honesta en el futuro.
Mi esperanza está en ellos
y mi odio de muerte en las Europas impasibles;
y mi amor eterno a esas Áfricas que nos sufren.
¿Qué clase de diablo controla nuestros cerebros?
¿Dónde la misericordia?
¿Dónde ese Papa que no grita
hasta alcanzar el cielo de la justicia?
¿Dónde los hombres honestos?
¡Ojalá existan cielo e infierno!
¿Cómo cerrar los ojos ante tanto crimen
si el noventa y cinco por ciento
cree en en ese Dios del más allá?
No os entiendo, Papa ni Padres gobiernos.
No os comprendo, Madres ni Madre Justicia.
Me desprendo para siempre
y recorro mi camino solitario.
Seré una voz más declamando en el desierto.
Que os aproveche la carne del pobre que masticáis.
 
Me desprendo para siempre
de los putos políticos del mundo,
de la avaricia de los bastardos,
del cuello girado del trabajador de mierda;
y me adhiero a la sangre que emana
de las manos cortadas del que busca cobijo y pan;
rajadas por las vallas del egoísmo,
esas cuchillas que nos encierran y encarcelan
como demonios que somos;
¿Cuántos ahogados para abrir los ojos?
¿Cuántas violadas en los desiertos?
¿Cuánta sangre cabe en nuestras almas?
Si digo que ya son millones los muertos
en su agonía del viajar hacia la vida,
¿quizás alguno se asombre?
Deseo y rezo por la piel pobre, que cante y lidere
la libertad de una Tierra honesta en el futuro.
Mi esperanza está en ellos
y mi odio de muerte en las Europas impasibles;
y mi amor eterno a esas Áfricas que nos sufren.
¿Qué clase de diablo controla nuestros cerebros?
¿Dónde la misericordia?
¿Dónde ese Papa que no grita
hasta alcanzar el cielo de la justicia?
¿Dónde los hombres honestos?
¡Ojalá existan cielo e infierno!
¿Cómo cerrar los ojos ante tanto crimen
si el noventa y cinco por ciento
cree en en ese Dios del más allá?
No os entiendo, Papa ni Padres gobiernos.
No os comprendo, Madres ni Madre Justicia.
Me desprendo para siempre
y recorro mi camino solitario.
Seré una voz más declamando en el desierto.
Que os aproveche la carne del pobre que masticáis.