Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cual advierte el mar a la osada barca que lo hiere,
te advertí yo, sobre perfidias: ‘No juegues conmigo’.
Pese a ello, con mis nervios a flor de piel, como el mar,
te escuché decir que ya no me querías, y como el mar,
arrastré tu desdén a las profundidades de mi abismo.
Sé que tu egolatría, disfrazada de sumisa pescadora,
despechada, me hiere con ahínco cuando puede,
y yo, afligido cual piadoso, la alimento como el mar:
simulo que me diezmas el presente, y como el mar,
preservo astuto, mi romántico cardume de tus redes.
Pero a veces, a veces, esparciendo melancólico
mis lágrimas por el sendero, llego hasta tu boca
y perfumo tus labios con mi aliento, como el mar.
Robo, de sombra, tu silueta ansiada y como el mar,
la destino al intrínseco hermetismo de mis ostras.
Podría pedirte que vuelvas a surcar mis latitudes,
que recales en cada bahía de mi alma atormentada,
pero a más de benévolo, soy orgulloso, como el mar;
e iracundo, si reincides, podría recluirte, como el mar,
náufraga perenne en mi peñasco de sirenas olvidadas.
Y a ti te quiero bajo mi pecho, como un día toda la tierra.
te advertí yo, sobre perfidias: ‘No juegues conmigo’.
Pese a ello, con mis nervios a flor de piel, como el mar,
te escuché decir que ya no me querías, y como el mar,
arrastré tu desdén a las profundidades de mi abismo.
Sé que tu egolatría, disfrazada de sumisa pescadora,
despechada, me hiere con ahínco cuando puede,
y yo, afligido cual piadoso, la alimento como el mar:
simulo que me diezmas el presente, y como el mar,
preservo astuto, mi romántico cardume de tus redes.
Pero a veces, a veces, esparciendo melancólico
mis lágrimas por el sendero, llego hasta tu boca
y perfumo tus labios con mi aliento, como el mar.
Robo, de sombra, tu silueta ansiada y como el mar,
la destino al intrínseco hermetismo de mis ostras.
Podría pedirte que vuelvas a surcar mis latitudes,
que recales en cada bahía de mi alma atormentada,
pero a más de benévolo, soy orgulloso, como el mar;
e iracundo, si reincides, podría recluirte, como el mar,
náufraga perenne en mi peñasco de sirenas olvidadas.
Y a ti te quiero bajo mi pecho, como un día toda la tierra.
Última edición: