ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
.
.
.
.
.
.
.
AUTOCRÍTICA
.
.
"Señor, .con... atrevimiento me ...aventuro a ..presentar ante.. usted.. mi... trabajo,
para que, si a bien le sienta, me regale con una crítica de aquellas que usted hace
y por la cual le estaría innumerablemente agradecido."
.
.
.
.
–Buenas tardes.
Tuve que interrumpir mis actividades literarias
dejando mi último trabajo sin concluir,
porque me ha sido dado
analizar la obra de un escritor,
del cual tanto he oído hablar
y que, a petición suya,
trataré en este escueto acercamiento.
Y bien, vamos a empezar.
Al adentrarnos en los trabajos de este NN,
es posible distinguir elementos pictóricos y, no obstante,
quedar completamente desorientados tras el brochazo final.
Por un lado hay estructuras forzadas, a veces desafortunadas,
acompañadas de basura, chatarra, lenguaje pseudocientífico,
máquinas o partes de ellas
descritas con una exageración sentimental que llega a producir bascas.
Por otro lado no aporta nada nuevo,
se inmola en discursos que pretenden una manera alternativa de hacer poesía,
además de diálogos introspectivos o hiperdiálogos
que bien pudieran ser arrancados de sus poemas,
sin perder ni ganar estos nada en el acto.
Dice que antes de escribir es preciso hablar mucho, a solas,
forjar los circuitos neuronales que posibilitarán la fluidez del pensamiento verbal,
pero, navegando con dificultad entre sus líneas,
más que fluidez se pueden percibir la autodestrucción y el caos.
Por lo que tengo entendido se mutila los dedos,
y esto es revelador, ya que, dado que con ellos percuta sus trabajos,
no es de extrañar que el resultado sea igualmente una mutilación.
Queda de manifiesto que construye sus poemas
a base de métodos que poco tienen que ver con la inspiración.
Es sumamente frío la mayoría de las veces, mecánico incluso,
y amén de esto, sumado a lo difícil que resulta extraer algo de sus versos,
pareciera una especie de artefacto criptográfico, un enigma para ser más preciso,
o más bien, una libreta de un solo uso (como han de ser sus libros si acaso los tuviera),
porque dudo que alguien pueda romper sus códigos.
Especie de científico frustrado, de tono profético y rebuscada solemnidad,
visionario de poca monta con una creatividad desmedida, osada
y en ocasiones extremadamente cacofónica que termina desbordándose
a tal punto de volver al lector una especie de nervioso asistente
a un acto de faquirismo o funambulismo;
a veces narcisista y rocambolesco,
histriónico, cursi, refiere que el ego
es fundamental a la hora de crear;
a veces místico y obseso con la muerte y el autodesprecio,
profesa la entropía toda vez que se hunde,
obsesionado, también con la intelectualidad patética y pretenciosa,
al punto de llegar a parecer un robot que, lejos de lo que pretende,
acaba atascándose o, por ponerlo en términos modernos, colgándose
en exasperantes e interminables loops de fórmulas más cercanas a la locura
que al devenir poético.
Su lectura puede resultar inabordable, en ocasiones,
desconcertante a ratos e incluso, coprolálica.
De este tipo se puede decir mucho.
Yo le conozco.
Se mutila los dedos.
Duerme poco.
En ocasiones su cripticismo es tal que pareciera que,
ni una iniciación con peras y manzanas
podría ayudar a desentrañar sus pasajes.
Con metáforas casi ausentes
nos mueve por pasillos inquietantes y carentes de sentido,
e intenta levantarse con sentimentalismos forzados
que rayan en lo melodramático.
Bien pudiera este señor dedicarse a otra cosa,
por ejemplo, a recolectar botellas o cartones,
sin menospreciar aquellos menesteres que, según veo,
le aportarían mayor dignidad a su persona que el hecho de sentarse
en frente de una computadora (como tanto refiere)
para hacernos el día un poco más extraño que de costumbre.
Su manera de utilizar la puntuación es poco natural,
más propia de una casual euforia oral, con pausas innecesarias,
como quien se detiene a reflexionar por un lapso breve de tiempo,
y con algunos claros de arranques dignos de cualquier hipódromo.
Abusador de los juegos de palabras y anagramas
que terminan pareciendo intentos forzosos
por demostrar su capacidad para crear trabalenguas.
No dudo de que este pseudoescritor
tiene serios problemas para relacionarse con el mundo,
y todavía, tiene una visión distorsionada de éste;
tal vez tenga una leve disfemia,
o haya padecido ecolalia o algún otro trastorno del lenguaje.
No tengo dudas de que este pseudoescritor es un resentido
y que se burla constantemente de los sentimientos más sublimes,
porque, todavía cuando nos los muestra con alguna mísera dosis de destreza,
termina cubriéndolos con una densa capa de cromo.
Yo le conozco,
yo le conozco,
yo le conozco,
sé de lo que hablo;
sin embargo, no tengo ninguna duda
de que este pseudoescritor posee una imaginación terriblemente grande
y que es, incluso, como quien saca un conejo de un sombrero,
capaz de materializar críticos de la nada,
y hacerse críticas a sí mismo, despedazándose
hasta el punto de hacerme creer que,
bien podría ser yo uno de sus inventos,
que bien pudiera haberme encontrado escribiendo
cuando me sugirió criticarle,
obligándome a dejar mi último poema sin concluir,
e incluso, podría asegurar que lo eliminó,
porque seguramente no le gustó,
y ha estado haciéndome creer que yo era yo,
cuando en realidad no era nada ni nadie más que él mismo a la enésima potencia.
Esto me recuerda terriblemente una escena de “2001: A Space Odyssey”,
específicamente donde se nos muestra la muerte de la HAL 9000;
ya saben: “estoy asustado…
mi mente se va…
puedo sentirlo…
siento que mi mente se va…
mi mente se va…
se va…
Apágate.
Nosotros somos el controlador,
el núcleo,
el aro 0;
no consumimos cítricos,
somos poetas de lengua
y nos mutilamos los dedos,
la razón es nuestro alimento.
–¿Quién eres? –me preguntas,
–¿A qué cantas? –luego agregas.
No preguntarás a los fierros,
duros ellos solos,
no tienen bocas y tañen,
lengua implícita,
maleabilidad a punta de golpes y de fuego,
cicatriz en cicatriz forjando piel,
lámina incólume;
no preguntarás más nada,
entonces,
al misterio,
ni supondrás que esta dureza es dura,
verás, pues,
hay óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro…
.
.
.
.
.
.
AUTOCRÍTICA
.
.
"Señor, .con... atrevimiento me ...aventuro a ..presentar ante.. usted.. mi... trabajo,
para que, si a bien le sienta, me regale con una crítica de aquellas que usted hace
y por la cual le estaría innumerablemente agradecido."
.
.
.
.
–Buenas tardes.
Tuve que interrumpir mis actividades literarias
dejando mi último trabajo sin concluir,
porque me ha sido dado
analizar la obra de un escritor,
del cual tanto he oído hablar
y que, a petición suya,
trataré en este escueto acercamiento.
Y bien, vamos a empezar.
Al adentrarnos en los trabajos de este NN,
es posible distinguir elementos pictóricos y, no obstante,
quedar completamente desorientados tras el brochazo final.
Por un lado hay estructuras forzadas, a veces desafortunadas,
acompañadas de basura, chatarra, lenguaje pseudocientífico,
máquinas o partes de ellas
descritas con una exageración sentimental que llega a producir bascas.
Por otro lado no aporta nada nuevo,
se inmola en discursos que pretenden una manera alternativa de hacer poesía,
además de diálogos introspectivos o hiperdiálogos
que bien pudieran ser arrancados de sus poemas,
sin perder ni ganar estos nada en el acto.
Dice que antes de escribir es preciso hablar mucho, a solas,
forjar los circuitos neuronales que posibilitarán la fluidez del pensamiento verbal,
pero, navegando con dificultad entre sus líneas,
más que fluidez se pueden percibir la autodestrucción y el caos.
Por lo que tengo entendido se mutila los dedos,
y esto es revelador, ya que, dado que con ellos percuta sus trabajos,
no es de extrañar que el resultado sea igualmente una mutilación.
Queda de manifiesto que construye sus poemas
a base de métodos que poco tienen que ver con la inspiración.
Es sumamente frío la mayoría de las veces, mecánico incluso,
y amén de esto, sumado a lo difícil que resulta extraer algo de sus versos,
pareciera una especie de artefacto criptográfico, un enigma para ser más preciso,
o más bien, una libreta de un solo uso (como han de ser sus libros si acaso los tuviera),
porque dudo que alguien pueda romper sus códigos.
Especie de científico frustrado, de tono profético y rebuscada solemnidad,
visionario de poca monta con una creatividad desmedida, osada
y en ocasiones extremadamente cacofónica que termina desbordándose
a tal punto de volver al lector una especie de nervioso asistente
a un acto de faquirismo o funambulismo;
a veces narcisista y rocambolesco,
histriónico, cursi, refiere que el ego
es fundamental a la hora de crear;
a veces místico y obseso con la muerte y el autodesprecio,
profesa la entropía toda vez que se hunde,
obsesionado, también con la intelectualidad patética y pretenciosa,
al punto de llegar a parecer un robot que, lejos de lo que pretende,
acaba atascándose o, por ponerlo en términos modernos, colgándose
en exasperantes e interminables loops de fórmulas más cercanas a la locura
que al devenir poético.
Su lectura puede resultar inabordable, en ocasiones,
desconcertante a ratos e incluso, coprolálica.
De este tipo se puede decir mucho.
Yo le conozco.
Se mutila los dedos.
Duerme poco.
En ocasiones su cripticismo es tal que pareciera que,
ni una iniciación con peras y manzanas
podría ayudar a desentrañar sus pasajes.
Con metáforas casi ausentes
nos mueve por pasillos inquietantes y carentes de sentido,
e intenta levantarse con sentimentalismos forzados
que rayan en lo melodramático.
Bien pudiera este señor dedicarse a otra cosa,
por ejemplo, a recolectar botellas o cartones,
sin menospreciar aquellos menesteres que, según veo,
le aportarían mayor dignidad a su persona que el hecho de sentarse
en frente de una computadora (como tanto refiere)
para hacernos el día un poco más extraño que de costumbre.
Su manera de utilizar la puntuación es poco natural,
más propia de una casual euforia oral, con pausas innecesarias,
como quien se detiene a reflexionar por un lapso breve de tiempo,
y con algunos claros de arranques dignos de cualquier hipódromo.
Abusador de los juegos de palabras y anagramas
que terminan pareciendo intentos forzosos
por demostrar su capacidad para crear trabalenguas.
No dudo de que este pseudoescritor
tiene serios problemas para relacionarse con el mundo,
y todavía, tiene una visión distorsionada de éste;
tal vez tenga una leve disfemia,
o haya padecido ecolalia o algún otro trastorno del lenguaje.
No tengo dudas de que este pseudoescritor es un resentido
y que se burla constantemente de los sentimientos más sublimes,
porque, todavía cuando nos los muestra con alguna mísera dosis de destreza,
termina cubriéndolos con una densa capa de cromo.
Yo le conozco,
yo le conozco,
yo le conozco,
sé de lo que hablo;
sin embargo, no tengo ninguna duda
de que este pseudoescritor posee una imaginación terriblemente grande
y que es, incluso, como quien saca un conejo de un sombrero,
capaz de materializar críticos de la nada,
y hacerse críticas a sí mismo, despedazándose
hasta el punto de hacerme creer que,
bien podría ser yo uno de sus inventos,
que bien pudiera haberme encontrado escribiendo
cuando me sugirió criticarle,
obligándome a dejar mi último poema sin concluir,
e incluso, podría asegurar que lo eliminó,
porque seguramente no le gustó,
y ha estado haciéndome creer que yo era yo,
cuando en realidad no era nada ni nadie más que él mismo a la enésima potencia.
Esto me recuerda terriblemente una escena de “2001: A Space Odyssey”,
específicamente donde se nos muestra la muerte de la HAL 9000;
ya saben: “estoy asustado…
mi mente se va…
puedo sentirlo…
siento que mi mente se va…
mi mente se va…
se va…
Apágate.
Nosotros somos el controlador,
el núcleo,
el aro 0;
no consumimos cítricos,
somos poetas de lengua
y nos mutilamos los dedos,
la razón es nuestro alimento.
–¿Quién eres? –me preguntas,
–¿A qué cantas? –luego agregas.
No preguntarás a los fierros,
duros ellos solos,
no tienen bocas y tañen,
lengua implícita,
maleabilidad a punta de golpes y de fuego,
cicatriz en cicatriz forjando piel,
lámina incólume;
no preguntarás más nada,
entonces,
al misterio,
ni supondrás que esta dureza es dura,
verás, pues,
hay óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro,
óxido de yerro…
Última edición: