marte5
Poeta fiel al portal
Tengo en mi mano vuestra libertar.
Y vuestro destino.
Tengo en mi alma el llanto de todos ustedes.
La humillación que hemos sufrido ha de ser saciada.
Tengo sus senderos en mi conciencia.
Palidece tu nombre.
Para que tu prole pueda comer un día.
Vendré aún si nadie queda vivo.
Recogeré sus estandartes y los pondré frente a sus tumbas.
Para que puedan tener vuestra tierra.
Frente a las huellas hay espinas.
Y las llagas en los pies tiemblan.
No podré verlos nuevamente.
Con esta humillación.
O con menos vida.
Firme el emblema de nuestra raza romperá eternamente.
La valentía de tu existencia.
Cuando este aquí solo.
Será la hora de volver a esperarlos.
Palabras que nacieron y se secaron.
Quieto, la sombra enjuta del los pensamientos.
Repta bajo nuestras casas.
Y se desangra entre las paredes.
Vividamente puedo recordar.
Que mi espada hizo de mis enemigos mi camino.
Pero puedes acaso recordar tú, que quede solo.
Nadie con quien luchar.
Nada por que luchar.
Reptando en mi utopía.
Puedo cegarme a mis propias palabras.
Pero no podría cegarme a vuestro destino.
Quietas las sombras de la noche.
Murmuran.
Que ya no hay que temer.
Cuando nadie queda.
Veo como las largas manos de mi vida.
Abrazan demasiado pronto mi tumba.
Una plegaria.
O sólo el estertor de mis pensamientos.
Nadie vendrá.
Nadie nunca vendrá.
Solo eso puedo ver.
Entonces entrega la vida.
Ya que no hay recompensa que valga sin compartirla.
Creo que puede ser una solución al dilema.
Esgrimir un suicidio.
Ante las tumbas de todos.
Puede ser el mejor regalo.
Aun así estoy atado a estas palabras.
Es por vuestra negligencia.
Y vuestro arrebato.
Vez sólo lo que puedes.
No vez lo que quieres.
No vez lo debes.
Pero aún así entre tanta paz.
El fin deja espacio a la duda.
Y la duda deja espacio a menos razón.
Por eso es tiempo de esperar.
Tengo en mis manos.
Vuestra intención de ser.
Y vuestra razón de ser.
La lucha aún existe, dormida.
Y cuando sea, su destino estará en mis manos.
Y con ellas cavaré sus tumbas.
Para levantarlos, para que vuelan a levantar las espadas.
Y convertirlos nuevamente en mártires.
Y vuestro destino.
Tengo en mi alma el llanto de todos ustedes.
La humillación que hemos sufrido ha de ser saciada.
Tengo sus senderos en mi conciencia.
Palidece tu nombre.
Para que tu prole pueda comer un día.
Vendré aún si nadie queda vivo.
Recogeré sus estandartes y los pondré frente a sus tumbas.
Para que puedan tener vuestra tierra.
Frente a las huellas hay espinas.
Y las llagas en los pies tiemblan.
No podré verlos nuevamente.
Con esta humillación.
O con menos vida.
Firme el emblema de nuestra raza romperá eternamente.
La valentía de tu existencia.
Cuando este aquí solo.
Será la hora de volver a esperarlos.
Palabras que nacieron y se secaron.
Quieto, la sombra enjuta del los pensamientos.
Repta bajo nuestras casas.
Y se desangra entre las paredes.
Vividamente puedo recordar.
Que mi espada hizo de mis enemigos mi camino.
Pero puedes acaso recordar tú, que quede solo.
Nadie con quien luchar.
Nada por que luchar.
Reptando en mi utopía.
Puedo cegarme a mis propias palabras.
Pero no podría cegarme a vuestro destino.
Quietas las sombras de la noche.
Murmuran.
Que ya no hay que temer.
Cuando nadie queda.
Veo como las largas manos de mi vida.
Abrazan demasiado pronto mi tumba.
Una plegaria.
O sólo el estertor de mis pensamientos.
Nadie vendrá.
Nadie nunca vendrá.
Solo eso puedo ver.
Entonces entrega la vida.
Ya que no hay recompensa que valga sin compartirla.
Creo que puede ser una solución al dilema.
Esgrimir un suicidio.
Ante las tumbas de todos.
Puede ser el mejor regalo.
Aun así estoy atado a estas palabras.
Es por vuestra negligencia.
Y vuestro arrebato.
Vez sólo lo que puedes.
No vez lo que quieres.
No vez lo debes.
Pero aún así entre tanta paz.
El fin deja espacio a la duda.
Y la duda deja espacio a menos razón.
Por eso es tiempo de esperar.
Tengo en mis manos.
Vuestra intención de ser.
Y vuestra razón de ser.
La lucha aún existe, dormida.
Y cuando sea, su destino estará en mis manos.
Y con ellas cavaré sus tumbas.
Para levantarlos, para que vuelan a levantar las espadas.
Y convertirlos nuevamente en mártires.
Última edición: