Escribo con sangre y lágrimas el poema de mi vida,
y el ruido de la desolación me invade hasta matarme,
ruido y silencio que se transforman en añoranzas
de una infancia que quizás fue más feliz que los recuerdos
que me invaden, nunca llegué a perder mi inocencia…
mi vida dará paso a la nada sin perderla.
Nada podré hacer para que el árbol crezca sin que el nido se destruya,
nada que esté en mis manos, o mejor, en mis sentimientos…
atardeceres mágicos de niños mágicos, de padres mágicos, de veranos,
con luz de espejismos en la playa, que ya no existen, ya no hay visiones en
el horizonte de las tardes de verano, o es que quizás ya los veranos no existan
Puede que sea porque afuera impera el frío y la oscuridad
y dentro de mí y de mi estancia es la sal que me queda en las mejillas
la que escuece hasta hacerme turbio el horizonte de una vida que nunca tuve,
mas que en un cuerpo que se hizo móvil y mortal, como el árbol y el nido,
y no como el sendero que nos llevaba hacia las rocas de la playa , que
permanecerán como permanece más el olvido que los recuerdos que se extinguen
Y cuando llegue el huracán que arranque mi piel y deje mis vísceras a la intemperie
el mundo ya habrá determinado el progreso, que no lo será
y mi corazón se abrazará a la vida, a las raices, como la hiedra
que con el devenir de los tiempos querrán arrancar de la pared antigua de mi alma,
que no existe y determinaré el final, porque nadie podrá escogerlo
Puedo elegir a quien amar pero no a quien me ame
puedo parar el reloj pero no puedo parar el tiempo,
¿qué ha sido de la ética del que nace, se reproduce y ha de morir
si solo cuenta con pragma y estética en su triste destino?
Aun permanece, nos llevaba hacia las rocas, el sendero, nos llevaba...
y el ruido de la desolación me invade hasta matarme,
ruido y silencio que se transforman en añoranzas
de una infancia que quizás fue más feliz que los recuerdos
que me invaden, nunca llegué a perder mi inocencia…
mi vida dará paso a la nada sin perderla.
Nada podré hacer para que el árbol crezca sin que el nido se destruya,
nada que esté en mis manos, o mejor, en mis sentimientos…
atardeceres mágicos de niños mágicos, de padres mágicos, de veranos,
con luz de espejismos en la playa, que ya no existen, ya no hay visiones en
el horizonte de las tardes de verano, o es que quizás ya los veranos no existan
Puede que sea porque afuera impera el frío y la oscuridad
y dentro de mí y de mi estancia es la sal que me queda en las mejillas
la que escuece hasta hacerme turbio el horizonte de una vida que nunca tuve,
mas que en un cuerpo que se hizo móvil y mortal, como el árbol y el nido,
y no como el sendero que nos llevaba hacia las rocas de la playa , que
permanecerán como permanece más el olvido que los recuerdos que se extinguen
Y cuando llegue el huracán que arranque mi piel y deje mis vísceras a la intemperie
el mundo ya habrá determinado el progreso, que no lo será
y mi corazón se abrazará a la vida, a las raices, como la hiedra
que con el devenir de los tiempos querrán arrancar de la pared antigua de mi alma,
que no existe y determinaré el final, porque nadie podrá escogerlo
Puedo elegir a quien amar pero no a quien me ame
puedo parar el reloj pero no puedo parar el tiempo,
¿qué ha sido de la ética del que nace, se reproduce y ha de morir
si solo cuenta con pragma y estética en su triste destino?
Aun permanece, nos llevaba hacia las rocas, el sendero, nos llevaba...
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