ropittella
Poeta veterana en el Portal
Yo soy esa
la que tu palabra cuando estalla
la hace dejar sus cosas y se va con ella, a deshacerse.
Soy esa que amanece en los anocheceres
de tus luces diáfanas,
todas las luces que te clarifican el nombre.
No me gusta tu nombre,
hizo mucha violencia en mi historia
y sin embargo,
cuando dices,
con un dolor que apesadumbra,
todo lo creado y lo por crear,
en el preámbulo de algún resquicio de ternura,
me pegaría a tus pestañas
para recibir en mi boca
una sola de tus lágrimas, o la única,
y beberla poco a poco
para ser consciente
y dormir tranquila,
sabiendo, que sí
que sí,
que algo de humano te queda todavía.
Y más allá del miedo que tu nombre
me provoca,
por no repetir las horas más crueles,
te aceptaría un claro de luna,
una rueca sin aguja
y te ofrecería
este cuerpo ceniciento
que no tuvo nunca
ni príncipes ni besos.
Pero no, pero no,
es muy triste,
ya lo sé,
que detrás de
un gran poeta
puede haber
un mosntruo muy perverso.
Entonces se me mueren
como las olas del mar mueren
ante la calma, todos los te quiero
que me pudieras haber dicho.
Y así, me duermo pensando
que cada una de tus palabras me traerá
una y otra vez a este nicho
donde tu ser está tan hondo,
donde mi ser se hace tan frágil
y en el sueño te lloro.
la que tu palabra cuando estalla
la hace dejar sus cosas y se va con ella, a deshacerse.
Soy esa que amanece en los anocheceres
de tus luces diáfanas,
todas las luces que te clarifican el nombre.
No me gusta tu nombre,
hizo mucha violencia en mi historia
y sin embargo,
cuando dices,
con un dolor que apesadumbra,
todo lo creado y lo por crear,
en el preámbulo de algún resquicio de ternura,
me pegaría a tus pestañas
para recibir en mi boca
una sola de tus lágrimas, o la única,
y beberla poco a poco
para ser consciente
y dormir tranquila,
sabiendo, que sí
que sí,
que algo de humano te queda todavía.
Y más allá del miedo que tu nombre
me provoca,
por no repetir las horas más crueles,
te aceptaría un claro de luna,
una rueca sin aguja
y te ofrecería
este cuerpo ceniciento
que no tuvo nunca
ni príncipes ni besos.
Pero no, pero no,
es muy triste,
ya lo sé,
que detrás de
un gran poeta
puede haber
un mosntruo muy perverso.
Entonces se me mueren
como las olas del mar mueren
ante la calma, todos los te quiero
que me pudieras haber dicho.
Y así, me duermo pensando
que cada una de tus palabras me traerá
una y otra vez a este nicho
donde tu ser está tan hondo,
donde mi ser se hace tan frágil
y en el sueño te lloro.
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