L
Luis Delamar
Invitado
¡Qué absurdo el crisantemo!
Hoy desterró tu llanto de su alcoba
y de su tímpano tu voz doliente;
hoy no intuyó tan confundida mente
que el envase del alma no se roba.
Creyó tu sangre virgen, hiel de loba;
oyó tu labio quieto, impertinente
para blandir su hierro omnipotente,
para invocar la cruz y la caoba.
¡Qué absurdo el crisantemo que te vela,
qué infecundo el amor, turbio, lejano!
¡Qué níveo tu semblante de canela!
¡Cuán lozana la vianda del gusano!...
y que indecente el verso que a la esquela
osó esculpir la escoria de su mano.
Por tanta mujer a la que silenció la mano que debió acariciarla.
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