hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Te odio!
me gritó Laura.
Seguí viendo la tele, sin mirarla.
¿Me oíste? ¡Te odio, hijo de puta!
abundó ahora.
Yo seguí en lo mío,
sin darle cinco de bola.
¡Pero no me oís, pedazo de hijo de puta,
cabrón mal nacido!
Le brillaban los ojos como dos reflectores
y se había puesto color tomate maduro,
su infartante neglige roja se confundía con su piel.
Desnudo como estaba, me paré y sin mucha fuerza,
con la mano abierta
(No quería lastimarla)
le dí un sopapo en una mejilla.
Lo que no había visto
era lo que tenía en su mano.
Lo que recién había utilizado
para alisarme una camisa.
Me pegó un planchazo con todas sus fuerzas
por suerte con la parte plana.
Me agarré de la silla más cercana,
para no irme de culo al suelo.
Ella me miraba aterrorizada,
la plancha se le cayó de la mano
y sollozando me dijo
¿Te hice mal Huguito?
¡Perdoname, no se lo que me pasó!
Acomodándome la mandíbula
que me había quedado en falsa escuadra
apenas pude murmurar:
¿Ves que sos una loca de mierda?
¡Con vos no se puede jugar a esto del sado-masoquismo!
Y me senté, con la cabeza zumbándome
como un panal de abejas.
Última edición: