Hoover White
Poeta adicto al portal
Te envuelve un halo de luz divina
sobre el firmamento de tierra húmeda,
el paisaje te espera de pie bajo la nocturna
y tú, estás toda llena, toda enfática, toda luz:
con un ala en tu mirar y la otra en tu vientre
y el halo de luz divina que te vislumbra,
y las alas de un cielo que te espera siempre.
Tú estás ahí: entre el azul, el verde y el color,
ceñida de lo celestial y la lozanía de tu ser,
estás ahí, aguardando, aguardando un corazón.
Tú vuelas en mi imaginación, mi alma y mi locura.
Eres mi más gran invento de mi invención,
el arte de todas mis artes sobre todas mis musas,
la serenidad humana envuelto en lo celestial
y el pensamiento de Dios impregnado en tu postura.
Tú vuelas tan alto como rozando las puertas del cielo;
a veces, pienso que me dejas, pero de repente
bajas de tu altura, vienes y te anidas sobre mi pecho,
tal cual, amor, como si no te fueras a ir nunca,
tal cual, como si fueras luciérnaga de mi nocturna.
Te envuelve un halo de luz divina
bajo lo silente de la madrugada,
quisiera besar desde tu frente hasta tus rodillas
pero yo solamente soy un duende y tú eres un hada.
sobre el firmamento de tierra húmeda,
el paisaje te espera de pie bajo la nocturna
y tú, estás toda llena, toda enfática, toda luz:
con un ala en tu mirar y la otra en tu vientre
y el halo de luz divina que te vislumbra,
y las alas de un cielo que te espera siempre.
Tú estás ahí: entre el azul, el verde y el color,
ceñida de lo celestial y la lozanía de tu ser,
estás ahí, aguardando, aguardando un corazón.
Tú vuelas en mi imaginación, mi alma y mi locura.
Eres mi más gran invento de mi invención,
el arte de todas mis artes sobre todas mis musas,
la serenidad humana envuelto en lo celestial
y el pensamiento de Dios impregnado en tu postura.
Tú vuelas tan alto como rozando las puertas del cielo;
a veces, pienso que me dejas, pero de repente
bajas de tu altura, vienes y te anidas sobre mi pecho,
tal cual, amor, como si no te fueras a ir nunca,
tal cual, como si fueras luciérnaga de mi nocturna.
Te envuelve un halo de luz divina
bajo lo silente de la madrugada,
quisiera besar desde tu frente hasta tus rodillas
pero yo solamente soy un duende y tú eres un hada.
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