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Y es cierto eso
de que la pérdida
enciende el deseo que,
la triste monotonía,
había apagado.
De que las promesas
no son contratos
sino brisas traicioneras
que van y vienen
con el otoño.
Y es cierto eso de que la pérdida enciende el deseo que, la triste monotonía, había apagado. De que las promesas no son contratos sino brisas traicioneras que van y vienen con el otoño.
Depende... Si sólo es culpa de la monotonía, sí,
si es falta de amor la perdida no duele tanto,
más bien es una metamorfosis por habernos acostumbrado al otro.
Mas si hay amor... pfff... las reconciliaciones son geniales.
Para mí las promesas son contratos,
por eso las detesto y las hago lo mínimo posible,
más que nada, si estoy dispuesta a cumplirlas...