JORGE FERNANDEZ RUIZ
Poeta asiduo al portal
LA LUZ DE LOS ACEITES
(A los pintores oficiales,
a los artistas canonizados)
No quise recordar
el académico silencio,
hierático, solemne,
algo impostado;
de cámaras y talleres.
Ni argumentar
las técnicas especulares,
ni su milimétrico
estudio de la vacuidad.
No quise acabarme
en concepto,
ni cercar el ámbito
de lo humano,
más allá del miedo
a la imprecisión.
Es cierto que refulgía la luz,
sobre la piel de los mártires
y que una embriaguez
de auras, sublimaba
las delicadas casullas
de las vírgenes florentinas.
En negros y ocres
se enseñoreaban
las proporciones.
Es cierto que no existe
lo que no se nombra,
pero lo que se subraya,
¡ay!, eso ... desaparece.
¿Como no insinuaron
alojar el instante,
dolorosamente presente
de lo que nunca
concebiremos?.
¿Como no esbozaron,
el mejor de los escarnios
contra la tiranía
de los dogmas?.
¡Ninguna obra
soporta la vida,
ningún apósito
aquieta su llaga!.
(A los pintores oficiales,
a los artistas canonizados)
No quise recordar
el académico silencio,
hierático, solemne,
algo impostado;
de cámaras y talleres.
Ni argumentar
las técnicas especulares,
ni su milimétrico
estudio de la vacuidad.
No quise acabarme
en concepto,
ni cercar el ámbito
de lo humano,
más allá del miedo
a la imprecisión.
Es cierto que refulgía la luz,
sobre la piel de los mártires
y que una embriaguez
de auras, sublimaba
las delicadas casullas
de las vírgenes florentinas.
En negros y ocres
se enseñoreaban
las proporciones.
Es cierto que no existe
lo que no se nombra,
pero lo que se subraya,
¡ay!, eso ... desaparece.
¿Como no insinuaron
alojar el instante,
dolorosamente presente
de lo que nunca
concebiremos?.
¿Como no esbozaron,
el mejor de los escarnios
contra la tiranía
de los dogmas?.
¡Ninguna obra
soporta la vida,
ningún apósito
aquieta su llaga!.