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El espejo de la vida

Arturo Riquelme

Poeta adicto al portal
Mirar el espejo en el instante quieto
y descubrir que no tengo un destello,
saber que nunca nos hemos mirado
y que lo que somos es lo que reflejamos.

Sentir que tenemos la imagen inquietante
del nacimiento en nuestro llanto,
que aquella ráfaga de vida que cobijó
es antes de salir del vientre materno.

Ver las manos que se han esmerado
en descubrir que es tu vida,
sonreír a la triste y falsa codicia
que los años nos han mostrado,

ver que somos un salto, en la vida
un sonido atrasado, como un poema
que nace y muere fatigado. El poema
se hace ceniza y llanto.

A veces el recuerdo nos quiere
invadir el alma con su pueblo;
inhabilitarnos con la multitud
de sus inicuas maneras.

Miro por última vez en la tarde;
aquel espejo que llevo como alerta
en el bolsillo, un aviso de campana
que me oriente el camino.

También es como reflejarse en el agua,
la cristalina vida que emerge,
el sendero de los días acabados
y la paleta de la vida.

 
Última edición:
Hay bastante Filosofía en esta poema y también un analizarse en un momento en que se hace pausa para mirarse y verse tal cual como uno es. No somos nada más que eso. Una partícula que lucha por el milenio o por el segundo de vida, según nuestra propia apreciación. Bastante profundidad en esta instropección que haces en forma muy analítica y la conclusión a que llegas también es interesante. Muy bueno es leerte, Arturo y adelante tu poema. Saludos. Muchas gracias.
 
Mirar el espejo en el instante quieto
y descubrir que no tengo un destello,
saber que nunca nos hemos mirado
y que lo que somos es lo que reflejamos.

Sentir que tenemos la imagen inquietante
del nacimiento en nuestro llanto,
que aquella ráfaga de vida que cobijó
es antes de salir del vientre materno.

Ver las manos que se han esmerado
en descubrir que es tu vida,
sonreír a la triste y falsa codicia
que los años nos han mostrado,

ver que somos un salto, en la vida
un sonido atrasado, como un poema
que nace y muere fatigado. El poema
se hace ceniza y llanto.

A veces el recuerdo nos quiere
invadir el alma con su pueblo;
inhabilitarnos con la multitud
de sus inicuas maneras.

Miro por última vez en la tarde;
aquel espejo que llevo como alerta
en el bolsillo, un aviso de campana
que me oriente el camino.

También es como reflejarse en el agua,
la cristalina vida que emerge,
el sendero de los días acabados
y la paleta de la vida.

De pronto te haces filósofo, solo no pronostiques más males
 

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