Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Detrás del silencio
acurrucado, sigo el sonido
de mi propio pecho
que entona latidos
de púlpitos sangrantes
como ecos en la sien.
Otros dicen; morir de amor,
mi flor del cuarto se extiende
cual larga es la noche,
puedo estirar la tristeza a lo largo
del universo, hasta quedar
inmóvil tras mi propio cuerpo,
verme llorar, ausente
ahora sí que arrodillado,
se escuchan unos clamores,
la hora novena del llamado
mágico del cuchillo,
la herida no es la causa,
el dolor lo es menos,
solo las abatidas manos
que se colorean de rojo exacto,
una luz inferior al siguiente océano,
las alas que me viene a buscar,
un colibrí deletrea en mis manos
el nombre de la puerta;
oxido de tu corazón.
acurrucado, sigo el sonido
de mi propio pecho
que entona latidos
de púlpitos sangrantes
como ecos en la sien.
Otros dicen; morir de amor,
mi flor del cuarto se extiende
cual larga es la noche,
puedo estirar la tristeza a lo largo
del universo, hasta quedar
inmóvil tras mi propio cuerpo,
verme llorar, ausente
ahora sí que arrodillado,
se escuchan unos clamores,
la hora novena del llamado
mágico del cuchillo,
la herida no es la causa,
el dolor lo es menos,
solo las abatidas manos
que se colorean de rojo exacto,
una luz inferior al siguiente océano,
las alas que me viene a buscar,
un colibrí deletrea en mis manos
el nombre de la puerta;
oxido de tu corazón.
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