abcd
Poeta adicto al portal
Íbamos a morir muy de viejos,
no sin antes que alguno de los dos
le haya cambiado el pañal al otro,
e íbamos a ser grandes turistas,
pasear por mil sábanas, por mil camas,
por mil ciudades de ropas tiradas.
Íbamos a comer muchas veces fideos,
porque nos apuraría la vida,
porque nos gustan rojos, rosados y al pesto,
porque nunca aprenderíamos a cocinar otra cosa,
e íbamos a ver tantas películas
que la mayoría del tiempo necesitaríamos subtítulos para conversar.
Íbamos a estar enamorados solo tres o doce meses,
luego seríamos rutinarios pero con imaginación,
leer tanto nos iba a hacer partícipe de sueños que nadie entendería
y cuando nos vistiésemos apurados,
el otro nos quitaría otra prenda,
con una sonrisa, con una complicidad desmesurada.
E íbamos a preguntarnos todos los años la edad,
y a tomar café yo, y tú te, cada tarde,
seríamos muy religiosos en eso de no mentirnos
y en no despreciar los gustos del otro hasta encontrar motivo de queja.
Íbamos a morir muy despacio,
seguramente el vivo moriría antes que el del corazón enfermo,
y seríamos amigos y hermosos aún en la oscura fiebre,
tendríamos tantas formas de levantarnos el ánimo
que el alma del otro la llevaríamos en la mano.
E íbamos a dolernos cada miércoles
y a salvarnos de la soledad todo viernes,
y ahí, en todos esos días en que hasta las medias nos quedan mal
íbamos a encontrar en el otro la tonta brisa de la paz interior.
Íbamos a morir muy de viejos,
con cruces en la espalda,
con las raíces marchitas radiantes y las hojas otoñales,
e íbamos a estar dispuestos a ahogar todas las vanidades,
a ser uno, a ser dos, a ser un todo de armonía entre peleas varias.
Íbamos a odiarnos incluso más que hoy,
que nos somos indiferentes, que piensas en irte a probar otra suerte,
otra vida, donde piensas que nunca vas a morir...
Espero haberte convencido.
no sin antes que alguno de los dos
le haya cambiado el pañal al otro,
e íbamos a ser grandes turistas,
pasear por mil sábanas, por mil camas,
por mil ciudades de ropas tiradas.
Íbamos a comer muchas veces fideos,
porque nos apuraría la vida,
porque nos gustan rojos, rosados y al pesto,
porque nunca aprenderíamos a cocinar otra cosa,
e íbamos a ver tantas películas
que la mayoría del tiempo necesitaríamos subtítulos para conversar.
Íbamos a estar enamorados solo tres o doce meses,
luego seríamos rutinarios pero con imaginación,
leer tanto nos iba a hacer partícipe de sueños que nadie entendería
y cuando nos vistiésemos apurados,
el otro nos quitaría otra prenda,
con una sonrisa, con una complicidad desmesurada.
E íbamos a preguntarnos todos los años la edad,
y a tomar café yo, y tú te, cada tarde,
seríamos muy religiosos en eso de no mentirnos
y en no despreciar los gustos del otro hasta encontrar motivo de queja.
Íbamos a morir muy despacio,
seguramente el vivo moriría antes que el del corazón enfermo,
y seríamos amigos y hermosos aún en la oscura fiebre,
tendríamos tantas formas de levantarnos el ánimo
que el alma del otro la llevaríamos en la mano.
E íbamos a dolernos cada miércoles
y a salvarnos de la soledad todo viernes,
y ahí, en todos esos días en que hasta las medias nos quedan mal
íbamos a encontrar en el otro la tonta brisa de la paz interior.
Íbamos a morir muy de viejos,
con cruces en la espalda,
con las raíces marchitas radiantes y las hojas otoñales,
e íbamos a estar dispuestos a ahogar todas las vanidades,
a ser uno, a ser dos, a ser un todo de armonía entre peleas varias.
Íbamos a odiarnos incluso más que hoy,
que nos somos indiferentes, que piensas en irte a probar otra suerte,
otra vida, donde piensas que nunca vas a morir...
Espero haberte convencido.
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