Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
No es una despedida;
son rosas que lloran escondidas:
laberintos
sugestiones
instrumentos
volando en los ojos, amarrados
todos los adioses en la cortina.
No es el final...
Todo cuenta para emocionarse;
Siempre uno vuelve al hambre de las cosas;
algunas cosas no son secretas en el jardín,
todos los ciegos escriben de sus iluminaciones,
los hierros de la escalera para llegar a ti.
Solo es una puta y doncella que tiene encanto,
quererse de rodilla y darse cuenta del mundo,
verificar y mutilar los segundos sacrosantos
de mi piel.
El éxtasis de la vida que se lee, y te castran
los placeres muriendo de furibundo amor.
Es mi placer, daría mi alma por besar tus botones,
y reinar en el pozo de tu mineral deseo.
Miles de espejos que muestran tus muslos,
sacrificios en el olor de saciarme entero,
corroer el mundo para que en ti pueda germinar
la pureza del deseo.
son rosas que lloran escondidas:
laberintos
sugestiones
instrumentos
volando en los ojos, amarrados
todos los adioses en la cortina.
No es el final...
Todo cuenta para emocionarse;
Siempre uno vuelve al hambre de las cosas;
algunas cosas no son secretas en el jardín,
todos los ciegos escriben de sus iluminaciones,
los hierros de la escalera para llegar a ti.
Solo es una puta y doncella que tiene encanto,
quererse de rodilla y darse cuenta del mundo,
verificar y mutilar los segundos sacrosantos
de mi piel.
El éxtasis de la vida que se lee, y te castran
los placeres muriendo de furibundo amor.
Es mi placer, daría mi alma por besar tus botones,
y reinar en el pozo de tu mineral deseo.
Miles de espejos que muestran tus muslos,
sacrificios en el olor de saciarme entero,
corroer el mundo para que en ti pueda germinar
la pureza del deseo.