Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy encerrada otra vez en mi prisión oscura, y ya no hay perdón para mí en las sombras de la noche, solo ella me entiende cuando muero de frío y abandono.
Me han aislado y desnudado otra vez para que no pueda escapar de la vida. Pero, bien sé yo que me adentro a esta triste muerte. Y no me arrepiento de pensarlo, debe sentirse hermoso dejar de sufrir la existencia que más mal que bien estoy agonizando por detenerme.
Ellos creen que me importa seguir imponiendo la supervivencia. Sin embargo me han dado las ganas de sonreír por esperar los espasmos de la muerte. Sí, la muerte deseada que nunca llega cuando más se le necesita, cuando más se le requiere.
Ayer supe, que había una oportunidad de lograr escapar hacia ella...no hay más salidas posibles aquí en el monte de los cadáveres. Hoy llegó el décimo de esta semana que enterraron cerca y lo sé porque lo vi, y sé que lo enterraron vivo porque aun lograba mover las manos. Fue tanta la envidia que sentí de aquel afortunado, que hasta me soñé con ser el muerto, pero me encontré que estoy muerta en vida y no me he matado.
Hay gasolina, mi primer poema por escribirte, y hay noche que viene siempre, más yo me pregunto: ¿será esta la de la suerte? Creo que adivinaron mis intenciones de quemar hasta los pensamientos. Mañana será otro intento.
Estoy sola en esto.

Me han aislado y desnudado otra vez para que no pueda escapar de la vida. Pero, bien sé yo que me adentro a esta triste muerte. Y no me arrepiento de pensarlo, debe sentirse hermoso dejar de sufrir la existencia que más mal que bien estoy agonizando por detenerme.
Ellos creen que me importa seguir imponiendo la supervivencia. Sin embargo me han dado las ganas de sonreír por esperar los espasmos de la muerte. Sí, la muerte deseada que nunca llega cuando más se le necesita, cuando más se le requiere.
Ayer supe, que había una oportunidad de lograr escapar hacia ella...no hay más salidas posibles aquí en el monte de los cadáveres. Hoy llegó el décimo de esta semana que enterraron cerca y lo sé porque lo vi, y sé que lo enterraron vivo porque aun lograba mover las manos. Fue tanta la envidia que sentí de aquel afortunado, que hasta me soñé con ser el muerto, pero me encontré que estoy muerta en vida y no me he matado.
Hay gasolina, mi primer poema por escribirte, y hay noche que viene siempre, más yo me pregunto: ¿será esta la de la suerte? Creo que adivinaron mis intenciones de quemar hasta los pensamientos. Mañana será otro intento.
Estoy sola en esto.

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