abcd
Poeta adicto al portal
Viernes catorce horas y cuatro minutos,
no me gustan los números pares,
no me gusta tener que pensar en el tiempo.
Sé que es una línea recta sin frenos,
sé que nunca es temprano para volver
y que menos, es tarde para avanzar.
Todo eso te lo escriben en una pizarra
desde los cinco o seis años.
En la pared el reloj es una enfermedad,
es circular, como mi estomago,
y no avanza, se repite una y otra vez,
su veloz ciclo destroza mis ideas,
las desgrana, las vuelve un participio vacío
de interpretación optimista.
Pienso en la palabra interpolar,
en que ella es fría, en que la distancia es onírica,
pienso en porque los brazos de ese reloj
no vienen a estrangular esta melancolía.
No han pasado de las catorce horas y siete minutos,
al menos el siete es un número impar.
Que importa si dividir y restar no da cero,
que importa si son siete, once o cuarenta los minutos.
Por más que mire el reloj con un espejo
la levedad no va a cambiar,
se puede ver más profunda, pero no va a cambiar.
Voy a dar vuelta la pared.
Me parece mejor que acercarme a ese tic tac imperceptible.
¿Qué habrá del otro lado?
Estaré yo, estará ella,
o simplemente no habrá nada y pueda y entienda que entender el amor
es casi siempre un paso en falso.
no me gustan los números pares,
no me gusta tener que pensar en el tiempo.
Sé que es una línea recta sin frenos,
sé que nunca es temprano para volver
y que menos, es tarde para avanzar.
Todo eso te lo escriben en una pizarra
desde los cinco o seis años.
En la pared el reloj es una enfermedad,
es circular, como mi estomago,
y no avanza, se repite una y otra vez,
su veloz ciclo destroza mis ideas,
las desgrana, las vuelve un participio vacío
de interpretación optimista.
Pienso en la palabra interpolar,
en que ella es fría, en que la distancia es onírica,
pienso en porque los brazos de ese reloj
no vienen a estrangular esta melancolía.
No han pasado de las catorce horas y siete minutos,
al menos el siete es un número impar.
Que importa si dividir y restar no da cero,
que importa si son siete, once o cuarenta los minutos.
Por más que mire el reloj con un espejo
la levedad no va a cambiar,
se puede ver más profunda, pero no va a cambiar.
Voy a dar vuelta la pared.
Me parece mejor que acercarme a ese tic tac imperceptible.
¿Qué habrá del otro lado?
Estaré yo, estará ella,
o simplemente no habrá nada y pueda y entienda que entender el amor
es casi siempre un paso en falso.