abcd
Poeta adicto al portal
Las manos de todos los árboles ondulan heridas,
las ramas de todas sus manos mudan tibias, pero frías.
La melancolía vaga dentro de cada coche perdido
son caravanas de falsas soledades,
que se duelen, que miran al árbol sin entender su oportunidad para dar.
Los desiertos están formados por humanos,
sus ropas secas al tacto,
su sofoco,
su inquietud perturbante los va separando.
Comen los gordos a otros gordos,
vienen y van los delgados de sueños
y las niñas tienen cada vez menos esperanzas.
Pero si al latir la música en cada pecho,
alguien baila obsceno, ya nadie levanta los pies ni la mirada,
de a poco abandonan su amor por la ciudad,
se contagian del ritmo triste de cada vecino
y nunca llegan, nunca llegan a ser pobres de esperas.
¿Como pueden contender consigo mismo,
con su triste amistad de espejo,
con su soledad que se queda muda de a poco,
con su niño de papel herido y ya muy pintado,
con su frente surcada por las ambiciones?
Te sientas en una plaza a leer,
y te enojas, te enojas mucho Fede...
las ramas de todas sus manos mudan tibias, pero frías.
La melancolía vaga dentro de cada coche perdido
son caravanas de falsas soledades,
que se duelen, que miran al árbol sin entender su oportunidad para dar.
Los desiertos están formados por humanos,
sus ropas secas al tacto,
su sofoco,
su inquietud perturbante los va separando.
Comen los gordos a otros gordos,
vienen y van los delgados de sueños
y las niñas tienen cada vez menos esperanzas.
Pero si al latir la música en cada pecho,
alguien baila obsceno, ya nadie levanta los pies ni la mirada,
de a poco abandonan su amor por la ciudad,
se contagian del ritmo triste de cada vecino
y nunca llegan, nunca llegan a ser pobres de esperas.
¿Como pueden contender consigo mismo,
con su triste amistad de espejo,
con su soledad que se queda muda de a poco,
con su niño de papel herido y ya muy pintado,
con su frente surcada por las ambiciones?
Te sientas en una plaza a leer,
y te enojas, te enojas mucho Fede...
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