Daltrangello
Poeta recién llegado
La ausencia indebida de un hombre
es a veces un primer verbo
es la verdad insensata y el castigo
algo así como un crimen.
Cada mañana oculto la astucia
desconozco, al parecer, una mejor valentía
para preservar lo omitido en mi relato
ese puñado de orgullo arenoso
el enorme desprecio en la imaginación
los latidos antagónicos en una reacción
el no-absoluto
(cuando el hombre se vuelve nombre
y los números son más bien inusuales)
el espacio concedido a la letra
el curso del engaño también
y lo íntegro en lo íntegro
como evasión del propio ser
Nacida bajo la dulce luna de octubre
una niña de barro,
su lágrima la inculpaba, la vigilia
y distracción, la melodía
precediendo la inocencia del sueño
y su madre, ¿o su padre?, procuraba
guardar silencio al abrir la puerta, un beso
desenvuelto en la frente derretida...
es ahora cuando pienso en la ausencia
en ese crimen, y en el otro,
(el menos íntimo de los dos)
en las incalculables habitaciones postergadas
en las redenciones impensadas
y en la misma creación.
Alguna representación evitará el suplicio
descreo que las infinidades sean
una en todas, una tradición inmutable.
Desprovista la herencia de su cuerpo
cuestionado el habla y la extensión
lo innoble como indigno,
sin interrogación.
es a veces un primer verbo
es la verdad insensata y el castigo
algo así como un crimen.
Cada mañana oculto la astucia
desconozco, al parecer, una mejor valentía
para preservar lo omitido en mi relato
ese puñado de orgullo arenoso
el enorme desprecio en la imaginación
los latidos antagónicos en una reacción
el no-absoluto
(cuando el hombre se vuelve nombre
y los números son más bien inusuales)
el espacio concedido a la letra
el curso del engaño también
y lo íntegro en lo íntegro
como evasión del propio ser
Nacida bajo la dulce luna de octubre
una niña de barro,
su lágrima la inculpaba, la vigilia
y distracción, la melodía
precediendo la inocencia del sueño
y su madre, ¿o su padre?, procuraba
guardar silencio al abrir la puerta, un beso
desenvuelto en la frente derretida...
es ahora cuando pienso en la ausencia
en ese crimen, y en el otro,
(el menos íntimo de los dos)
en las incalculables habitaciones postergadas
en las redenciones impensadas
y en la misma creación.
Alguna representación evitará el suplicio
descreo que las infinidades sean
una en todas, una tradición inmutable.
Desprovista la herencia de su cuerpo
cuestionado el habla y la extensión
lo innoble como indigno,
sin interrogación.

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