ludmila
Poeta veterano en el portal
Te refugias en el almidón de mis recuerdos
que en furia impotente despliegan avatares
de erguidas somnolencias,
buscando en la amalgama de mis improntas
un recorrido infantil y tierno.
Eso es lo que aparece cuando en el remolino
de mis primaveras, el pan se hace delicia
embadurnado de cuentos.
Recuerdo la escalera del abuelo
como el más prístino embeleso.
El farol de noche iluminando el histrionismo
del relato maravilloso.
Cómo iba yo a saber por ese entonces
que tú venías de la guerra.
Que tus manos encerraban secretos antiguos
y tus sienes atisbaban el incienso
de aquellos siniestros momentos.
Cómo podía entender entonces
que en esa tibieza calcinada de eucaliptos
tu dolor secuestraba tanto aliento.
Cuánta fortaleza abuelo
Cuánta furia pudiste transformar en un beso.
que en furia impotente despliegan avatares
de erguidas somnolencias,
buscando en la amalgama de mis improntas
un recorrido infantil y tierno.
Eso es lo que aparece cuando en el remolino
de mis primaveras, el pan se hace delicia
embadurnado de cuentos.
Recuerdo la escalera del abuelo
como el más prístino embeleso.
El farol de noche iluminando el histrionismo
del relato maravilloso.
Cómo iba yo a saber por ese entonces
que tú venías de la guerra.
Que tus manos encerraban secretos antiguos
y tus sienes atisbaban el incienso
de aquellos siniestros momentos.
Cómo podía entender entonces
que en esa tibieza calcinada de eucaliptos
tu dolor secuestraba tanto aliento.
Cuánta fortaleza abuelo
Cuánta furia pudiste transformar en un beso.
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