Katri
Poeta recién llegado
Una mañana llena de luz y de hermosos contrastes, oscuro mi cristalino se vuelve, imágenes borrosas llegan a la mente. Concentrado, concentrado las contemplo y el reflejo de los miedos se apodera de mis miembros...
Entonces miro, me aterro, ¿qué es esto? pregunto- mi mente comprende, sabe que es, me rehúso a creer ¿Por qué vuelves? ¡Déjame en paz! -Grito desesperadamente-
Algo la regreso a la vida y ahora viene tras mío, sé que no me dejara de nuevo, hizo nido en mi cuarto más secreto, no se ira.
Luche contra ella mil veces, batallas cubiertas de sangre, sudor, llanto y dolor. Cubiertos de barro y de hierbas luchamos a muerte en campos agrestes, olor a lluvia y calor empapaba el ambiente. El sudor espeso recorría nuestro rostro. Y mi mente angustiada escapaba, pero ella siempre la atrapaba, me vencía, no podía hacer nada, un día más soportando su aterradora mirada
En el pecho mil agujas jugaban, un batido en mis entrañas preparaban las angustias de un mañana que aún no llegaba; escuchaba sus pasos, fuertes se tornaban, y cuando era evidente que la puerta se abriría y me encontraría entonces se detenía y se alejaba, muchas veces la perilla de la puerta giro, pero no entraba, le gustaba jugar con mi angustiada alma.
En un descuido le clave el puñal hasta lo más hondo, vi cómo me miraba, con una calma que me perturbaba, sonrió mientras se derrumbaba y escuche palabras pero no distinguí una sola, entonces comprendió que no le entendía nada y un beso me lanzo, quedo despedazada en la sangre si es que era sangre- que brotaba y brotaba.
Me sentí una persona nueva, la causa de mis tristezas se había ido, ¡Al fin! Exclamaba- no tendré que volver a sufrir.
Una vida llevaba de ensueño, todo era azul hasta la más oscura de las noches parecía una luna llena, vestida de luz, arcoíris recorrí una tarde de esas, una tarde sin fin.
Ahora ahí estaba sentada en mi cama, tranquila como el día en que la vi partir. Me susurro palabras que podía distinguir, me dijo con una sobriedad ensordecedora: tranquilo, nunca más te dejare.
Entonces miro, me aterro, ¿qué es esto? pregunto- mi mente comprende, sabe que es, me rehúso a creer ¿Por qué vuelves? ¡Déjame en paz! -Grito desesperadamente-
Algo la regreso a la vida y ahora viene tras mío, sé que no me dejara de nuevo, hizo nido en mi cuarto más secreto, no se ira.
Luche contra ella mil veces, batallas cubiertas de sangre, sudor, llanto y dolor. Cubiertos de barro y de hierbas luchamos a muerte en campos agrestes, olor a lluvia y calor empapaba el ambiente. El sudor espeso recorría nuestro rostro. Y mi mente angustiada escapaba, pero ella siempre la atrapaba, me vencía, no podía hacer nada, un día más soportando su aterradora mirada
En el pecho mil agujas jugaban, un batido en mis entrañas preparaban las angustias de un mañana que aún no llegaba; escuchaba sus pasos, fuertes se tornaban, y cuando era evidente que la puerta se abriría y me encontraría entonces se detenía y se alejaba, muchas veces la perilla de la puerta giro, pero no entraba, le gustaba jugar con mi angustiada alma.
En un descuido le clave el puñal hasta lo más hondo, vi cómo me miraba, con una calma que me perturbaba, sonrió mientras se derrumbaba y escuche palabras pero no distinguí una sola, entonces comprendió que no le entendía nada y un beso me lanzo, quedo despedazada en la sangre si es que era sangre- que brotaba y brotaba.
Me sentí una persona nueva, la causa de mis tristezas se había ido, ¡Al fin! Exclamaba- no tendré que volver a sufrir.
Una vida llevaba de ensueño, todo era azul hasta la más oscura de las noches parecía una luna llena, vestida de luz, arcoíris recorrí una tarde de esas, una tarde sin fin.
Ahora ahí estaba sentada en mi cama, tranquila como el día en que la vi partir. Me susurro palabras que podía distinguir, me dijo con una sobriedad ensordecedora: tranquilo, nunca más te dejare.
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