Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo sé que vas con mis ojos
mentores de los tuyos,
a ver todo por ahí:
Que eliges la fruta
a gusto de los dos,
que condimentas
en justa proporción,
(no tan picante como
nuestro acto de amor)
lo honroso que nos cocinas.
Y sé que me reservas,
junto a alguna novedad
callejera del pueblo,
aroma de brisa y polen de sol
entre los nimbos carmesí
de tu cabello tierno.
También me prodigan
tus caderas mientras vuelves,
vaivén de péndulo
de campana dominguera,
y tu risa, de verme deleitar,
albedrío de trinos mañaneros
igual al de los mirlos
del jardín de la tía Celia.
Y sé que estoy feliz de ti
y a veces me dan ganas
de gritarte un ¡TE AMO!
que exalte la rutina
de vecinos y perros.
Es que te debo tanto
como dices deberme, amor.
Deuda que cancelamos
'morosos de por vida'
con habitual pasión,
total, “queda en familia”.
mentores de los tuyos,
a ver todo por ahí:
Que eliges la fruta
a gusto de los dos,
que condimentas
en justa proporción,
(no tan picante como
nuestro acto de amor)
lo honroso que nos cocinas.
Y sé que me reservas,
junto a alguna novedad
callejera del pueblo,
aroma de brisa y polen de sol
entre los nimbos carmesí
de tu cabello tierno.
También me prodigan
tus caderas mientras vuelves,
vaivén de péndulo
de campana dominguera,
y tu risa, de verme deleitar,
albedrío de trinos mañaneros
igual al de los mirlos
del jardín de la tía Celia.
Y sé que estoy feliz de ti
y a veces me dan ganas
de gritarte un ¡TE AMO!
que exalte la rutina
de vecinos y perros.
Es que te debo tanto
como dices deberme, amor.
Deuda que cancelamos
'morosos de por vida'
con habitual pasión,
total, “queda en familia”.
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