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Algo como esperar el colectivo y pensar en ella

abcd

Poeta adicto al portal
No,
no son sus ojos,
no son sus labios,
no.
No es que no sean hermosos,
lo son,
pero no,
no son ellos.


No es su piel,
aunque sea toda blanca y radiante
y lleve la tibieza de la nieve herida,
no,
no es su piel,
ni son sus manos,
todas libres,
pequeñas y autistas,
no, no son sus manos ni su piel.


Ni siquiera son sus hombros,
esos que se disponen como entrada al paraíso de su espalda,
no,
ni los cabellos rubios y tímidos,
ni el viento que empuja su voz hasta mi cara.
No, no son sus hombros, ni su pelo
y menos va a ser el viento.


No es su trajecito gris,
ni su rostro sol saliendo de ese traje gris
que es como una nube donde ella se guarda a llorar.
No, no es que ella sea lluvia
y que sus palabras sean relámpagos de sueños, frustraciones y esperanzas.
No, no importa como vista o desvista,
no es eso,
no.


No, no es el lunar en su dedito gordo,
no es la suavidad de su cuerpo al rozarte
ni la dureza de sus mordiscos al pelearte,
no,
no es algo que pueda definir el tacto,
ni los olores,
ni siquiera creo que sea algo espiritual.


No es su nariz de colibrí perdido,
ni sus piecitos de patito asustado.
Tampoco son sus líricos senos,
volcanes de sueño de futura madre.
No, no es su nariz,
ni sus pies azules,
ni su pecho desnatado.
No.


No, no es eso tonto que me sucede al mirarla
que la vuelve una Medusa, que me vuelve un Perseo imaginario.
No es por eso,
porque son sus palabras las que paralizan el tiempo
y son sus gritos los que comienzan la aurora de la mitomanía.


No, no es que seamos un complemento de la soledad,
ni es porque hablamos de la muerte y nos ilusionamos.
No, no es haber dejado toda la ropa en el placard
y concentrarnos en lo que somos desnudos de miedos,
no.
No es el amor al dolor.


No, no es porque su mirada sea infinita,
de hecho no lo es,
yo la medí una tarde que ella tenía frío,
esta bien, traspaso el horizonte y llego a besar el sol,
pero no, no es infinita.


No, no son sus caderas sin tiempo ni espacio,
ni sus piernas de chocolate blanco,
no, no es que sus brazos pareciesen dos alas
y menos va a ser porque un día le dije que ella es mi mundo en algún lugar.
No, no puedo entender que es.


Porque tampoco son sus defectos que tanto me apasionan,
ni es porque ella pueda estar meses sin saber que existo.
No es porque sea invisible a sus anhelos,
ni es porque considere un mal hábito que le encante todo lo que escribo.
No, no es que me duela en las muelas cada vez que la nombro
y no es la fascinación que tengo con su nombre.
No, nada es.


No es que tenga miedo a perderla para siempre,
ni es que espere recuperar su sonrisa a diario,
no, no es eso, ni aquello.
No es que sus besos cicatricen mi pasado,
no, tampoco es porque su pasado cicatriza al hablarnos.
No, no es nada.


No entiendo.
No quiero entender,
es como estar amarrado y tener total libertad,
porque no la quiero a mi lado,
ni la quiero muy lejos,
porque a pesar de sentir rabia, ira y amor todo el tiempo
no puedo evitar que aparezca el eco de su silencio en cada paso que doy.
Y el fotograma de mi memoria se parece a su comisura derecha,
y el fantasma de cada futuro perdidos es un tumor en el lado izquierdo del corazón.


No se que es,
no quiero saberlo tampoco.


Algo de esto debe ser lo que significa extrañar.

 
Última edición:
Extraordinario poema, muy bonito me gustó mucho, eso debe ser amigo, tanto amor es difícil no extrañar. Un saludo
 

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