Maldonado
Poeta veterano en el Portal
Guadalajara, mi ciudad, tu ciudad
Amada, no es tuya la culpa,
lamento que no estuve en tu escote
sorbiendo tu etérea gracia, en casa,
con tu perfume de tierra mojada;
el barro que encadenaba mis pies
no era tu barro, mi protesta triste, mi grito de congoja,
se perdía en el universo con desconsuelo.
Mis primeras lágrimas de amor
no se vertieron en tu cuna, diosa;
veinte años pasaron con la cabeza baja,
pensándote, anhelándote;
me trepé al viento que corría hacia occidente;
la emoción se embriaga.
Llego de nuevo a tus arterias,
es entonces que veo la luz,
¡estoy vivo!
Llueve, y millones de soldados
salpican agua con sus bayonetas
dispersadas como el rocío.
Los niños mojados y mi felicidad empapada.
Tu oxígeno penetra, mi bienestar se agiganta,
¡mis hermanos de sangre!
Perla, tapatía de los ojos bellos,
madre que vuelves a besar mi aliento,
veo que en ti han plantado
millones de hijos junto a las jacarandas.
Veo que ya hay rascacielos rodeando
los palacios de tus primeros años;
comida ahogada, pica delicioso,
tu tequila de agave es de sabor exquisito.
Tomado de tu mano paseamos
por nuestra casa por la avenida grande,
me lleno de amor y de orgullo;
los extranjeros con su cámara viajera,
toman fotografías;
yo acariciado por tu aire,
con tu regazo tibio, me fugo; lo oscuro, fue,
hoy soy bienaventurado
en tu edén con todo tu amparo,
con el rumor de nuestra voz, nuestras rosas,
¿quién podrá disgregarnos?
Maldonado
20/06/14
Amada, no es tuya la culpa,
lamento que no estuve en tu escote
sorbiendo tu etérea gracia, en casa,
con tu perfume de tierra mojada;
el barro que encadenaba mis pies
no era tu barro, mi protesta triste, mi grito de congoja,
se perdía en el universo con desconsuelo.
Mis primeras lágrimas de amor
no se vertieron en tu cuna, diosa;
veinte años pasaron con la cabeza baja,
pensándote, anhelándote;
me trepé al viento que corría hacia occidente;
la emoción se embriaga.
Llego de nuevo a tus arterias,
es entonces que veo la luz,
¡estoy vivo!
Llueve, y millones de soldados
salpican agua con sus bayonetas
dispersadas como el rocío.
Los niños mojados y mi felicidad empapada.
Tu oxígeno penetra, mi bienestar se agiganta,
¡mis hermanos de sangre!
Perla, tapatía de los ojos bellos,
madre que vuelves a besar mi aliento,
veo que en ti han plantado
millones de hijos junto a las jacarandas.
Veo que ya hay rascacielos rodeando
los palacios de tus primeros años;
comida ahogada, pica delicioso,
tu tequila de agave es de sabor exquisito.
Tomado de tu mano paseamos
por nuestra casa por la avenida grande,
me lleno de amor y de orgullo;
los extranjeros con su cámara viajera,
toman fotografías;
yo acariciado por tu aire,
con tu regazo tibio, me fugo; lo oscuro, fue,
hoy soy bienaventurado
en tu edén con todo tu amparo,
con el rumor de nuestra voz, nuestras rosas,
¿quién podrá disgregarnos?
Maldonado
20/06/14
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