Ismael López
Poeta recién llegado
Sentado en la orilla del muelle,
mirando a un vació desmesurado,
prosigue en sí el incesante drama
de aquel nostálgico pasado.
Sentada sobre la madera gastada
de aquel banco desierto y vetusto,
prosigue en ella el incesante drama
del recuerdo de lo que tuvo.
Ya no amanece en el muelle,
ni reposa la mar salada.
Ya no siente el resbalar del agua
entre sus manos fatigadas.
Ya no hay color en el bosque,
ni flores con olor a la mañana.
Ya no siente el resbalar de la tierra,
entre sus manos de porcelana.
Tan solo hay recuerdo...
El recuerdo de su amor,
el recuerdo de los besos
en cada puesta del sol.
Ya solo hay recuerdo...
El recuerdo de que aún lo desea,
el recuerdo de sonrisas
en aquel banco de madera.
Para él, la vida ha muerto,
para ella es un mal sueño,
para ambos, la asfixia por ahogo
en el triste lago del tiempo.
Ahora, ellos miran a la nada,
al mismo instante, en distinto lugar,
con distinto corazón,
con el mismo amar.
Con el mismo amar...
Perdidos en la quimera de verse.
Están condenados a vagar
afligidos, por amarse sin tenerse...
(Ismael López, "Isver")
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