EL SABOR DE LA AMARGURA
El color del alma mía palidece,
va perdiendo poco a poco intensidad
y el reflejo de una cruda soledad
me traiciona, me abomina, me estremece.
¿Dónde está la fantasía que florece
al amparo de la eterna claridad,
sublimando sentimientos de amistad,
y perdida en el dolor desaparece?
El sabor de la amargura y del fracaso
se transforma en un quejido lacerante,
en un "puede", en un "quizás", en un "acaso".
Y evocando la pasión de aquel instante,
ya sumido en la penumbra del ocaso,
una mueca se dibuja en mi semblante.
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Chu