dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Una vez enterrado el señor Kostka su desconsolada viuda se quedó sola en el camposanto con el corazón roto por el dolor de la pérdida. No quiso marcharse y dejar en esa soledad a su querido esposo difunto. Durante el entierro, antes de subir la caja a la quinta fila de nichos quiso que la abrieran para acostarse a su lado y que los enterrasen juntos. Todos la hicieron desistir de esa locura. Sospecho que si la hubiesen abierto y se hubiese acostado junto a él, no le hubiese gustado que la volvieran a atornillar con ella dentro. Yo la miraba desde lejos mientras arreglaba las flores que le había llevado a mi querida esposa ya difunta.
Cuando me marchaba pasé por su lado y le dije que era una mujer muy hermosa a pesar de que sin duda el dolor por la pérdida había menoscabado un poco su belleza.
- Es usted un desvergonzado - respondió - no son momentos para halagos. Respete usted mi dolor.
Le dije que la comprendía, que me perdonara y que sentía haberla molestado con mis palabras.
Me despedí. Estaba a punto de salir por la puerta del camposanto cuando me pidió que la esperara para marchar juntos hasta el pueblo.
- Soy un necio - le dije.
Y lo peor de todo - dijo ella - es que sus palabras me han recordado lo sola que estaré a partir de ahora en mi cama.
Eladio Parreño Elías
29-Junio-2014
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