La aguja del reloj marca horas en la sombra,
En medio del camino hacia los lirios secos.
Apunta su flecha, hacia mí, aunque no me nombra.
Mas envuelto estoy en los diafragmas de sus ecos
El cielo ahí arriba es todo él ocaso,
Un plomo de agua sin lluvia. Llena mis ojos
Por el canal que lleva directo al fracaso.
Quedo reducido a la miseria y sus despojos.
En laberinto de mil sinrazones despierto.
Sin ser capaz de distinguir ninguna forma.
No hay oasis que mitigue el fuego en mi desierto,
Ni juego en esta vida que se ciña a mi horma.
Sólo me queda cerrar los párpados hoy mudos
A la espera del fatuo sosiego que me esquiva.
En una vida que es toda raíces y nudos.
Huyo sin demora por el verde de la oliva.