Me voy...

esthergranados

Poeta adicto al portal
Tengo miedo. Siento un nudo tan grande en la garganta que apenas puedo respirar. Escucho sus pasos en el piso de arriba y lo imagino iracundo, dando vueltas por la habitación desesperado. No puedo hablar por teléfono; me lo ha quitado. Lo controla todo. No puedo hacer nada que no haya consentido él previamente. Planifica mi vida. Me dice que ropa me debo poner: nada que sea provocativo, ni minifaldas, ni escotes, ni prendas ceñidas...No puedo quedar con mis amigas ni tomarme un café en un bar. He conseguido matricularme en una escuela de adultos y me viene a buscar a la salida para controlarme, y cuando no lo hace, calcula el tiempo que debería tardar en llegar a casa y me interroga como si fuera una niña. La compra la hacemos juntos los fines de semana, y a diario me deja el dinero justo para comprar el pan. Dependo economicamente de él, y mi trabajo en casa no lo valora: está convencido de que es mi obligación hacerlo. Ha conseguido separarme de mi familia, con la que apenas tengo contacto. Mis hijas adolescentes viven en un constante suplicio. Ayer me zarandeó con violencia y me agarró del cuello con tanta fuerza que dejó en el la marca de sus dedos. Gracias a que estaban allí las niñas y se abalanzaron sobre él para separarlo, no hubo consecuencias aún más dramáticas.

Me parece que está bajando la escalera. El terror me paraliza, pero ya he tomado una opción para mi vida. He decidido que no quiero pertenecerle, que no quiero "ser suya"...que no soy de nadie. Que no quiero que me manipule, ni que me anule como persona, ni que sus gritos silencien mi voz. No quiero que me someta nunca más. Me voy. Me llevo a mis hijas. Trabajaré en lo que pueda, empezaré de nuevo en otro lugar donde su presencia no me impida seguir mi camino, ni enturbie mis renovadas ilusiones por salir del "submundo" en el que estoy. Creo que merezco otra oportunidad, que merezco ser feliz yo sola, sin nadie que controle mi vida ni me impida ser libre. Se lo debo a mis hijas. Me voy para que sepan que otro mundo es posible, que nuestras circunstancias nunca han sido la norma, que nadie se merece vivir amordazado, que nadie tiene derecho a adueñarse de otra persona y a hacer de ella su propiedad como si fuera un objeto. Me voy con la ilusión de recuperar todo lo que él me quitó: mi autoestima, mi alegría, mis ganas de seguir adelante... Está aporreando la puerta, el miedo ha dado paso a las ganas de volver a empezar. Me voy a enfrentar a él, no se que pasará, solo se que tengo que intentarlo y creo que esta vez lo voy a conseguir.
 
Tengo miedo. Siento un nudo tan grande en la garganta que apenas puedo respirar. Escucho sus pasos en el piso de arriba y lo imagino iracundo, dando vueltas por la habitación desesperado. No puedo hablar por teléfono; me lo ha quitado. Lo controla todo. No puedo hacer nada que no haya consentido él previamente. Planifica mi vida. Me dice que ropa me debo poner: nada que sea provocativo, ni minifaldas, ni escotes, ni prendas ceñidas...No puedo quedar con mis amigas ni tomarme un café en un bar. He conseguido matricularme en una escuela de adultos y me viene a buscar a la salida para controlarme, y cuando no lo hace, calcula el tiempo que debería tardar en llegar a casa y me interroga como si fuera una niña. La compra la hacemos juntos los fines de semana, y a diario me deja el dinero justo para comprar el pan. Dependo economicamente de él, y mi trabajo en casa no lo valora: está convencido de que es mi obligación hacerlo. Ha conseguido separarme de mi familia, con la que apenas tengo contacto. Mis hijas adolescentes viven en un constante suplicio. Ayer me zarandeó con violencia y me agarró del cuello con tanta fuerza que dejó en el la marca de sus dedos. Gracias a que estaban allí las niñas y se abalanzaron sobre él para separarlo, no hubo consecuencias aún más dramáticas.

Me parece que está bajando la escalera. El terror me paraliza, pero ya he tomado una opción para mi vida. He decidido que no quiero pertenecerle, que no quiero "ser suya"...que no soy de nadie. Que no quiero que me manipule, ni que me anule como persona, ni que sus gritos silencien mi voz. No quiero que me someta nunca más. Me voy. Me llevo a mis hijas. Trabajaré en lo que pueda, empezaré de nuevo en otro lugar donde su presencia no me impida seguir mi camino, ni enturbie mis renovadas ilusiones por salir del "submundo" en el que estoy. Creo que merezco otra oportunidad, que merezco ser feliz yo sola, sin nadie que controle mi vida ni me impida ser libre. Se lo debo a mis hijas. Me voy para que sepan que otro mundo es posible, que nuestras circunstancias nunca han sido la norma, que nadie se merece vivir amordazado, que nadie tiene derecho a adueñarse de otra persona y a hacer de ella su propiedad como si fuera un objeto. Me voy con la ilusión de recuperar todo lo que él me quitó: mi autoestima, mi alegría, mis ganas de seguir adelante... Está aporreando la puerta, el miedo ha dado paso a las ganas de volver a empezar. Me voy a enfrentar a él, no se que pasará, solo se que tengo que intentarlo y creo que esta vez lo voy a conseguir.

se lo que se siente
muy buena prosa muy real
 
Gracias por tu comentario, quiero creer que la vida da segundas oportunidades y que está en nuestras manos aprovecharlas, espero que te vaya muy bien, un beso amiga.
 
Llega el momento querida amiga
que hay que hacerle frente a quien solo busca hacernos daño
y lo hace desde su superioridad mal entendida.
Si el relato habla de tu realidad espero que todo se haya solucionado para tu bien.
Un beso.
 
Es una terrible situación la que describes. Es como si estuvieras viviendo en el infierno. Ojala solo sea inspiración y si no lo es, que hagas lo que sea mas conveniente para ti. Un abrazo y Bendiciones todas.
 

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