Évano
Libre, sin dioses.
Unicornio, te recuerdo
mal dibujado en mi mente,
como entre nieblas de Everest.
Dos corazones latieron
juntos una vez.
Uno buscaba y busca
y no encuentra el no sé qué;
otro con fuerza sabe
y come de la Tierra
lo que ha de comer.
Uno era de un niño grande;
el otro,
de una mujer que nunca fue niña.
Sigue difuso el caballo raro,
la vida es sombra en la mano,
los pies no se hincan; sino vuelan.
Mientras, el mundo muere
y casi nada ya se ve.
Uno casi no late;
el otro ha de latir,
y aquí, a mi lado,
la muerte, la vejez,
cuerpo que rompe y revienta
lo desbocado del ayer.
Te recuerdo como a ese unicornio
que a penas dibujaba su silueta en mi mente.
Pululabas disuelta entre avatares
de un futuro de Himalaya inexpugnable.
No había tanta montaña.
El unicornio éramos nosotros.
Ahora, ya lo sé.
Ahora...
mal dibujado en mi mente,
como entre nieblas de Everest.
Dos corazones latieron
juntos una vez.
Uno buscaba y busca
y no encuentra el no sé qué;
otro con fuerza sabe
y come de la Tierra
lo que ha de comer.
Uno era de un niño grande;
el otro,
de una mujer que nunca fue niña.
Sigue difuso el caballo raro,
la vida es sombra en la mano,
los pies no se hincan; sino vuelan.
Mientras, el mundo muere
y casi nada ya se ve.
Uno casi no late;
el otro ha de latir,
y aquí, a mi lado,
la muerte, la vejez,
cuerpo que rompe y revienta
lo desbocado del ayer.
Te recuerdo como a ese unicornio
que a penas dibujaba su silueta en mi mente.
Pululabas disuelta entre avatares
de un futuro de Himalaya inexpugnable.
No había tanta montaña.
El unicornio éramos nosotros.
Ahora, ya lo sé.
Ahora...
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