prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
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[TD="colspan: 2"]Huyo de los cinceles de luz
que esculpen cadáveres en la roca del recuerdo.
Y es que, tal vez, tus besos fueron almas de ausencia
que ahora se descuelgan de su cáscara como nueces en la abyecta lentitud del amanecer
dejando un espectro amargo, un carnaval de soledades.
En el trastorno de las fachadas brilla el bisturí de los ángeles
y te percibo arraigada en estos musgos de pesadilla
que arranco con garras de sal cada mañana
como la bestia que vuelve a transitar laberintos de llanto
para encontrar la pura flor de ferocidad.
Mientras te escribo este poema
pesados pájaros de la duda se posan en el hombro del pensamiento
y en el desierto de sentirme vivo un canto de huesos rotos
hace vibrar los lirios de locura.
La noche cicatriza y una vez más el universo obedece a las leyes del hambre.
Te veo entre los arbustos de la nada, ilusoria
como las estrellas que solamente existen para los ciegos
o en el cielo de los libros -así te reflejas
en este pozo que ampara hongos de delirio y sueña con ser mi alma-.
Te extraño. Escucha cómo se quiebran las vértebras de dios de los álamos.
Cómo la brisa de desesperación acaricia los árboles viejos
y la luna extiende sus palmas de sombra sobre el arenal del olvido.
Tú, como un tiburón del rechazo en cada ojo cerrado.
Y, sin embargo, te extraño.
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[TD="colspan: 2"]Huyo de los cinceles de luz
que esculpen cadáveres en la roca del recuerdo.
Y es que, tal vez, tus besos fueron almas de ausencia
que ahora se descuelgan de su cáscara como nueces en la abyecta lentitud del amanecer
dejando un espectro amargo, un carnaval de soledades.
En el trastorno de las fachadas brilla el bisturí de los ángeles
y te percibo arraigada en estos musgos de pesadilla
que arranco con garras de sal cada mañana
como la bestia que vuelve a transitar laberintos de llanto
para encontrar la pura flor de ferocidad.
Mientras te escribo este poema
pesados pájaros de la duda se posan en el hombro del pensamiento
y en el desierto de sentirme vivo un canto de huesos rotos
hace vibrar los lirios de locura.
La noche cicatriza y una vez más el universo obedece a las leyes del hambre.
Te veo entre los arbustos de la nada, ilusoria
como las estrellas que solamente existen para los ciegos
o en el cielo de los libros -así te reflejas
en este pozo que ampara hongos de delirio y sueña con ser mi alma-.
Te extraño. Escucha cómo se quiebran las vértebras de dios de los álamos.
Cómo la brisa de desesperación acaricia los árboles viejos
y la luna extiende sus palmas de sombra sobre el arenal del olvido.
Tú, como un tiburón del rechazo en cada ojo cerrado.
Y, sin embargo, te extraño.
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