yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Tienes diez segundos de vida?
me espeto antes de irse,
colgó su historia en un gancho de tristeza
y procedió a vestirse con desgano.
Tenia en su piel larvas de antaño
y prendidos en sus labios mil pecados;
yo solo guardaba en mis pasados
un intento pueril de ser su dueño,
posibles distancias incoherentes
y adheridos a mis pies todos sus pasos;
ella desgastaba sus caricias en intentos nauseabundos
y huraños,
yo militaba en las filas de los amantes olvidados,
aquellos que discretos se pierden en el mar de los engaños
y paso a paso recorrimos sus caminos
y paso a paso procedimos a dañarnos,
ella con resabios y pudores,
yo con perdones lapidarios,
es que el amor no es una decisión
ni una esperanza ni un festejo,
el amor aunque lo dudes es un traje desgastado
que nos quita las ganas de volvernos viejos.
Entonces volveremos a marcharnos
siempre con las ganas del reencuentro
y tu y yo
y ni tu ni yo
tendremos ganas de entenderlo.
Por eso aunque todo te sacuda
y aunque nada seamos separados del espejo
tu y yo
tendremos ganas -siempre-
de encendernos.
Es posible que toda tu imposibilidad
sea un secreto,
un escueto paisaje,
un reflejo
donde ni tu ni yo
habremos de volver a vernos.
me espeto antes de irse,
colgó su historia en un gancho de tristeza
y procedió a vestirse con desgano.
Tenia en su piel larvas de antaño
y prendidos en sus labios mil pecados;
yo solo guardaba en mis pasados
un intento pueril de ser su dueño,
posibles distancias incoherentes
y adheridos a mis pies todos sus pasos;
ella desgastaba sus caricias en intentos nauseabundos
y huraños,
yo militaba en las filas de los amantes olvidados,
aquellos que discretos se pierden en el mar de los engaños
y paso a paso recorrimos sus caminos
y paso a paso procedimos a dañarnos,
ella con resabios y pudores,
yo con perdones lapidarios,
es que el amor no es una decisión
ni una esperanza ni un festejo,
el amor aunque lo dudes es un traje desgastado
que nos quita las ganas de volvernos viejos.
Entonces volveremos a marcharnos
siempre con las ganas del reencuentro
y tu y yo
y ni tu ni yo
tendremos ganas de entenderlo.
Por eso aunque todo te sacuda
y aunque nada seamos separados del espejo
tu y yo
tendremos ganas -siempre-
de encendernos.
Es posible que toda tu imposibilidad
sea un secreto,
un escueto paisaje,
un reflejo
donde ni tu ni yo
habremos de volver a vernos.