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    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

El poeta del silencio

Homar Letargo

Poeta recién llegado
La luna está saliendo, no hay tiempo que perder.
Es hora de empezar a beber.
Dile a la banda que toque un blues
Y yo pago los tragos.
Tom Waits.​
A veces parce que derramo soledad por mi costado
Y que hay un poco de muerte en cada libro,
En cada asombro,
En cada gota de azufre que resbala por la frente.

Quizá sea yo el poeta del silencio
Porque me gusta mirar como los pájaros huraños
Hunden su pico en las copas de los bares,
Porque soy un crucigrama con palabras que no existen,
Porque mis musas son de humo,

Quizás sea yo el mismísimo silencio
El fantasma que perdió en el desierto la sed que no tenía y
El hambre de tener otra hambre al fondo del estomago.

Quizás solo sea un espejismo rodeado por la ceguera de un oasis.
Un patético romántico rumiando entre las flores.

El que se hunde en barcos de papel en esta ciudad de hierro
El cantante amargo que hace canciones con las nubes
Con el desolado paisaje que se encuentra después de tantas muertes
El que duerme boca abajo para mirar que es lo que sueñan las almohadas.

El sediento de besos,
De sonrisas que se fracturan en mi boca.

Soy el cadáver que fue abandonado en el anfiteatro
Porque apestaba a poemas alcoholizados
Porque mi cansancio de muchacho venció a la vejez de este mundo
Porque soy un iracundo tomándome la calma
En el vaso donde se levanta una tormenta.

Quizás sea yo la fractura del amor
Para sanar a esos hombres y mujeres olvidados
En el traspatio donde se nos comenzó a cuajar la sangre,

El que desmorono una piedra y encontró la nostalgia de la noche
El que bebió toda la sed de la cerveza
El que murió por amor un día de lluvia interminable
El que corono con la diadema de Venus a una musa drogadicta
El que subió y bajo por el escote de la madrugada
En aquel hotel donde nunca amanece
El que le dijo a dios que todo estaba mal hecho
Porque el mar no florea sus propias rosas.

Soy el inventor de nuevos dolores
En esta fábrica de desdentados engranes.

Yo soy, yo soy, yo soy el que perdió a su mujer
En la noche del dia
El que bebió su saliva hasta enloquecer
El que le regalo la luna en una noche sin luna.

Yo soy el amigo de los perros que vagabundean por las calles
Yo soy el verso que no existe
La palabra jamás dicha
El que pone de cabeza a los abismos
El sur de las heridas.

Yo soy el que se acostó sobre la tierra de Hiroshima
Y bese el rostro blanco de una estatua
El que vendió su alma al diablo
Porque me diera un poco de tristeza
El que lloro cuarenta días y cuarenta noches
El que fecundo con una gota de semen la sonrisa más triste.

Soy el que orina todas las noches la alfombra de Morfeo
El que regala flores venenosas
Al esqueleto antiguo que vuela inversamente a la distancia
El que retorna al viejo mundo
Para esperar a que la falda del viento se levante
Y buscar un incognito lugar
Y roer el hueso fresco que olvidaste
En el atardecer sonriente
Cuando moría una estación de Vivaldi
En esta oscura habitación donde yo resucitaba ahogado.


Quizás sea yo el poeta del silencio
Pero por ahora solo soy ceniza empolvando los ojos que me leen.
 
A veces parce que derramo soledad por mi costado
y que hay un poco de muerte en cada libro,
en cada asombro,
en cada gota de azufre que resbala por la frente.

Quizás sea yo el poeta del silencio
porque me gusta mirar cómo los pájaros huraños
hunden su pico en las copas de los bares,
porque soy un crucigrama con palabras que no existen,
porque mis musas son de humo.

Quizás sea yo el mismísimo silencio;
el fantasma que perdió en el desierto la sed que no tenía y
el hambre de tener otra hambre al fondo del estómago.

Quizás solo sea un espejismo rodeado por la ceguera de un oasis.
Un patético romántico rumiando entre las flores.

El que se hunde en barcos de papel en esta ciudad de hierro.
El cantante amargo que hace canciones con las nubes,
con el desolado paisaje que se encuentra después de tantas muertes.
El que duerme boca abajo para mirar qué es lo que sueñan las almohadas.

El sediento de besos,
de sonrisas que se fracturan en mi boca.

Soy el cadáver que fue abandonado en el anfiteatro
porque apestaba a poemas alcoholizados,
porque mi cansancio de muchacho venció a la vejez de este mundo,
porque soy un iracundo tomándome la calma
en el vaso donde se levanta una tormenta.

Quizás sea yo la fractura del amor,
para sanar a esos hombres y mujeres olvidados
en el traspatio donde se nos comenzó a cuajar la sangre.

El que desmoronó una piedra y encontró la nostalgia de la noche.
El que bebió toda la sed de la cerveza.
El que murió por amor un día de lluvia interminable.
El que coronó con la diadema de Venus a una musa drogadicta.
El que subió y bajó por el escote de la madrugada
en aquel hotel donde nunca amanece.
El que le dijo a Dios que todo estaba mal hecho
porque el mar no florea sus propias rosas.

Soy el inventor de nuevos dolores
en esta fábrica de desdentados engranes.

Yo soy, yo soy, yo soy el que perdió a su mujer
en la noche del día,
el que bebió su saliva hasta enloquecer,
el que le regaló la luna en una noche sin luna.

Yo soy el amigo de los perros que vagabundean por las calles.
Yo soy el verso que no existe,
la palabra jamás dicha,
el que pone de cabeza a los abismos,
el sur de las heridas.

Yo soy el que se acostó sobre la tierra de Hiroshima
y besó el rostro blanco de una estatua.
El que vendió su alma al diablo
para que me diera un poco de tristeza.
El que lloró cuarenta días y cuarenta noches.
El que fecundó con una gota de semen la sonrisa más triste.

Soy el que orina todas las noches la alfombra de Morfeo.
El que regala flores venenosas
al esqueleto antiguo que vuela inversamente a la distancia.
El que retorna al viejo mundo
para esperar a que la falda del viento se levante,
buscar un incógnito lugar
y roer el hueso fresco que olvidaste
en el atardecer sonriente,
cuando moría una estación de Vivaldi
en esta oscura habitación donde yo resucitaba ahogado.


Quizás sea yo el poeta del silencio,
pero por ahora solo soy ceniza empolvando los ojos que me leen.



Pues mis ojos encantados con el polvo...

Te dejo este enlace, por si es tema del word...


http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=510718&highlight=

No es que no se pueda, pero según la RAE,
ya no están en uso los versales (comenzar siempre con mayúscula todos los versos).
Igual, muchos los usan, yo por lo general aconsejo que en caso de usar puntuaciones (: , . ; ...)
se sigan las reglas gramaticales de puntuación correctamente y se utilice bien las mayúsculas
y minúsculas... En caso contrario, si se ha de utilizar versales, entonces se generen las pausas
con los mismos versos y se omitan las puntuaciones...


Saludos!
 

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