Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
La eterna espera (Soneto)
Aguarda su momento descansando
sobre un lecho de amor y de ilusión,
suspirando su alegre corazón
por el hombre que aún está esperando.
Despierta cada día en él pensando
elevando plegaria en oración
y se duerme con gran satisfacción
creyendo que su dios la está escuchando.
Los años se suceden muy deprisa
y el tiempo que transcurre inexorable
del rostro va borrando su sonrisa.
Su pelo ya de un blanco venerable
contrasta con el gris de su camisa,
mientras, a solas, llora inconsolable.
Aguarda su momento descansando
sobre un lecho de amor y de ilusión,
suspirando su alegre corazón
por el hombre que aún está esperando.
Despierta cada día en él pensando
elevando plegaria en oración
y se duerme con gran satisfacción
creyendo que su dios la está escuchando.
Los años se suceden muy deprisa
y el tiempo que transcurre inexorable
del rostro va borrando su sonrisa.
Su pelo ya de un blanco venerable
contrasta con el gris de su camisa,
mientras, a solas, llora inconsolable.