Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se retrasa el sol, mirándose
en las hojas del magnolio
y se acomoda en su brillo,
con desgana, afán de siesta,
sufriendo los calores del verano.
Hasta las sombras sestean
bajo los árboles del parque
y se esconden, en juego
que sólo ellas entienden,
con los pardales que se sofocan
en el abrigo de sus plumas.
Únicamente las golondrinas
siguen presurosas
en el ir y venir a sus nidos.
como temiendo el tiempo
que corre, que vuela,
que se escapa con el vivir
mientras miramos
como pasa la existencia,
rozándonos apenas con sus manos.
En mi rincón de la vida
noto cómo las horas van caminando
dejando el surco de su paso
sobre la piel encallecida
y llora el alma recuerdos
en lágrimas furtivas.
en las hojas del magnolio
y se acomoda en su brillo,
con desgana, afán de siesta,
sufriendo los calores del verano.
Hasta las sombras sestean
bajo los árboles del parque
y se esconden, en juego
que sólo ellas entienden,
con los pardales que se sofocan
en el abrigo de sus plumas.
Únicamente las golondrinas
siguen presurosas
en el ir y venir a sus nidos.
como temiendo el tiempo
que corre, que vuela,
que se escapa con el vivir
mientras miramos
como pasa la existencia,
rozándonos apenas con sus manos.
En mi rincón de la vida
noto cómo las horas van caminando
dejando el surco de su paso
sobre la piel encallecida
y llora el alma recuerdos
en lágrimas furtivas.